Prisa por el desalojo urgente de Zapatero

La filípica de El País-Cebrián contra Zapatero es una pieza para retener, por el momento en el que se produce y por la antipatía que trasluce. Que a Zapatero no le queda ni un amigo es bastante evidente, pero que se trasluzca tanto llama la atención. ¿Tanta resistencia ofrece el desahuciado?, ¿qué poderes le sostienen? Una vez que el actual presidente ha decidido que se va, que es cuestión de semanas-meses perderle de vista ¿por qué semejante descalificación? Quizá se trata solo de ira, de dar empujones a un político que mostró desde primera hora distancia respecto a los editores de El País, que le pasado factura cuando han podido y que ahora tratan de descabellarle.

Felipe González acuñó cuatro años atrás, en otra de las broncas entre Zapatero y Prisa, (con editoriales y declaraciones por medio) el concepto de “fuego amigo” para enviar a las dos partes un mensaje de cautela y de no perjudicarse demasiado. En cuantas ocasiones ha podido Cebrián ha reiterado que buena parte de los problemas de su grupo vienen de la política audiovisual de Zapatero, y desde esa óptica lo que su diario destacó ayer es coherente.

¿Por qué ahora? Es una pregunta cuya respuesta añade poco: El País-Cebrián colocan el penúltimo clavo en el féretro del presidente del gobierno; gasta mucha tinta que disuelva las cámaras ya mismo y no a finales de septiembre, que lleva las elecciones al 27 de noviembre. Disolver ahora habilita unas elecciones en octubre, pero significa poner punto final a los proyectos legislativos en curso, entre ellos la reforma de las pensiones y la de la negociación colectiva.

¿Tienen algún interés particular Cebrián-El País en ese punto final? Lo parece a la vista del despliegue editorial, que pretende adelantar semanas el nuevo gobierno. Lo que parece cada día más probable es que el presidente no va a aguardar hasta el término del mandato, y que convocará elecciones este año, tres meses antes de lo inevitable. La beligerancia de los diarios para marcar el calendario político tiene mucho de jactancia, de ejercicio excesivo, arrogante, de poder. No es infrecuente, pero tiene su punto ridículo, pretencioso, de meterse en camisas de once varas. Las opiniones son libres, dar consejos es una tentación, pero los diarios están para explicar más que para decidirlo lo que debe hacerse, por más que sus editores sean los más listos de la clase, sobre todo cuando se trata de resolver problemas que les son ajenos, con los propios tienen más dificultades.

La opinión de El País ha sido importante durante muchos años, con Aznar perdió influencia y con Zapatero también, quizá eso explica algo del resentimiento. Rajoy tampoco les hace mucho caso, incluso llegó a declararles un boicot, excesivo, incluso estúpido, pero indicativo de un cambio en las relaciones de influencia y en equilibrio del miedo a hacerse daño. Tanta prisa por desalojar al presidente estimulará su voluntad de aguantar, de seguir bailando mientras suena la música.

fgu@apmadrid.es