ZP salió ileso de un debate estéril, Rajoy, quieto

Zapatero se ha despedido del Congreso sin despedirse. Salió ileso de un debate inútil de dos días, en el que se ha confrontado con todos los grupos sin tropezarse, sin perder más sangre de la que ya ha perdido por acciones propias, y en ningún caso por las cornadas de los adversarios, especialmente del jefe de la oposición, que sigue atado al papel de opositor inclemente.

Los dos protagonistas del debate han sido fieles al guión que ya tienen estudiado y asumido, al papel que vienen representando desde hace ocho años. Las encuestas darán lo más parecido a un empate; los medios más amables con los populares dan ganador a Rajoy, y los afines al socialismo a Zapatero. Pero es igual, ninguno de los dos ha ganado un votante, ninguno ha sorprendido a nadie. Zapatero, con tono más o menos bajo, (el manual popular propone el uso de la palabra agotado o terminal).

Pero en minutos basura, en tiempo de descuento, el presidente del Gobierno que tiene la facultad de convocar elecciones, hizo esas propuestas tácticas que tanto le gustan, por ejemplo la revisión del sistema hipotecario que ha puesto nervioso a algún banquero con poca experiencia o insuficientemente advertido.

El debate podía haber sido una oportunidad para Rajoy, para empezar a mostrar su muestrario y su estilo (no diré talante) reformista. Pero Rajoy también es táctico y tras ocho años de vigilia en la oposición, no va a asumir ningún riesgo por prisa. Va a esperar que la fruta caiga madura, sin desgaste, y con compromisos imprecisos.

Las proposiciones de los populares son papel mojado, están escritas con tinta que se borra con el paso de los días. Y las del Gobierno tienen pocas posibilidades de convertirse en norma. Hay muy pocas oportunidades para que el Parlamento apruebe algo más que el techo de gasto presupuestario y alguno de los proyectos más avanzados en el trámite. Y nada más, quizá ni siquiera el Presupuesto que hacienda prepara con diligencia para mandarlo a la cámara a finales de septiembre, justo durante los días en los que tiene que decidirle presidente si las elecciones son en octubre-noviembre o en marzo.

El debate no ha servido para nada más allá de algunos arrullos al presidente saliente. Zapatero no mejoró, ni Rajoy avanzó un milímetro. Más de lo mismo, canícula y aburrimiento.

fgu@apmadrid.es