Zapatero se explica por penúltima vez

El agónico presidente Zapatero se subirá a la tribuna del Parlamento para intentar explicarse, quizá por penúltima vez. Será su 9º y último debate sobre el estado de la nación, un formato copiado del norteamericano con variantes, que introdujo Felipe González hace un cuarto de siglo que hoy conoce la edición nº 22. Zapatero ha participado en nueve debates: tres desde la oposición y seis como jefe del gobierno. Las encuestas le dieron ganador en seis ocasiones (dos en la oposición y cuatro como presidente) y perdedor en dos (una frente al presidente Aznar y el año pasado frente a Rajoy). Esta semana lo más probable es que vuelva a perder a la vista de las encuestas y de la bajísima valoración del presidente saliente.

Zapatero ha utilizado el formato del debate para hacer anuncios sacados de la chistera (cheque bebé y similares), que desnaturalizaron el debate y sacaron de la pista al adversario. Compromisos de gobierno poco meditados, que han traído más complicaciones que soluciones. La naturaleza táctica y la improvisación voluntariosa del presidente quedaron en evidencia en la mayor parte de estos debates.

¿Qué puede hacer el presidente esta semana en el Congreso? Su margen de maniobra en muy estrecho, su credibilidad está bajo mínimos y la capacidad de propuesta también. Solo cabe una defensa con apelaciones al interés general y al consenso necesario para salir de la crisis o para abordar alguno de los problemas de fondo de la política española. Y además esperar que el adversario tenga mal día y tropiece en el debate con sus viejos fantasmas de la pintura sombría.

Para este debate la figura es Rajoy, el tono y el fondo de sus intervenciones en un momento en el que es claro ganador, con una importante victoria reciente en las recientes municipales y autonómicas, pero también sometido al interés por saber cuáles son sus bazas para hacer frente a la crisis. Rajoy gana sin apenas descubrir sus cartas. No lo ha hecho ni va a hacerlo ahora, cuando está a las puertas del poder. Va a seguir la estrategia de los conservadores británicos, dejar que los socialistas se desgasten hasta abrir la puerta a una mayoría absoluta o lo más cerca posible.

Por tanto el debate no promete nada, trámite y estrategias al límite de los principales actores que no van a arriesgar, el uno porque no puede y el otro porque no le conviene. Y Rubalcaba sentado, silente, tragando quina y viendo cómo se debilitan sus escasísimas posibilidades de evitar un desastre.

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