Bankia y Cívica en capilla

Las salidas a bolsa de Bankia y Cívica, once cajas de ahorro de las antiguas agrupadas en dos, que significan algo más de un tercio del sistema, se enfrentan estos días a la que puede ser la decisión más importante de su historia: someterse al juicio del mercado para fijar precio a sus acciones y a renglón seguido predeterminar quien será el dueño de ambas instituciones. Además tienen que adecuar el balance a las nuevas exigencias, y proteger los intereses de los equipos que hoy las encabezan. Tratan de cuadrar un círculo complejo, salir de la crisis, hacerlo en condiciones para competir, y no alterar el equilibrio interno de poder. Mucho arroz y poco pollo.

De las dos agrupaciones de cajas que van a abrir camino (La Caixa está en otra dimensión), la primera y más importante por tamaño, la que marca pauta al resto (Caja Madrid, Bancaja y cinco más de menor cuantía), es la caja de las comunidades del PP, encabezada por Rodrigo Rato y con un consejo de administración más politizado de lo que admiten, dominado desde la Comunidad de Madrid, en un equilibrio medido entre las dos personalidades en liza: Rato y Esperanza Aguirre/Ignacio González.

El caso de Banca Cívica es menos significativo, va más avanzado aunque ha tropezado reiteradamente a lo largo de estos dos últimos años, ya que de ser una ingeniosa y avanzada alianza de cajas sin problemas, ha pasado a sufrir una peripecia de sobresaltos y pasos adelante y atrás que lleva a dudar de la pretendida solvencia y solidez del proyecto y de quienes lo integran.

Las dos nuevas entidades están en busca de precio y de accionistas dispuestos a pagarlo. El momento es malo, aunque en el futuro puede ser peor. El mercado impone descuentos importantes sobre el valor en libros, tanto que algunos piensan que es mejor esperar, resolver los problemas de3 solvencia en otra instancia, para ir al mercado cuando los efectos de la fusión se noten, cuando los resultados justifiquen mejor precio.

El margen es muy estrecho y un fracaso en estas operaciones arruina las demás, las de otro tercio del sector que está pendiente de capitalización y de modelo. Se habla mucho de capitalización, de los recursos necesarios para la solvencia, pero demasiado poco de rentabilidad, es decir de capacidad para no perder la solvencia. Los activos están dañados y la recuperación va a ser lenta, la actividad económica va a menos y a los bancos y cajas les resta capacidad para crecer y subsistir. Solo van a quedar los mejores y el mercado lo ha detectado. Si ofrece poco precio a estas iniciativas es porque las ve lejos de ser las mejores. La próxima semana hay que adoptar acuerdos definitivos, decisivos: seguir con la colocación y a sufrir durante la aventura, o paso atrás y búsqueda de otro camino más exigente, aunque con sacrificios para quienes ahora controlan las dos cajas.

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