La precaria herencia que dejará Zapatero

A Zapatero los suyos le harán una despedida educada (o NO) cuando dejé su último cargo en el 38º Congreso socialista, previsto para después de las generales, pero el balance de doce años de liderazgo (o como se llame) puede ser desolador. Rubalcaba debe soñar cada noche con la herencia que va a recibir, le queda intentar mantener en pie un partido descalabrado, que no le ocurra lo que a Calvo Sotelo con la UCD. No es imaginable la disolución del PSOE, pero se va a quedar en poca cosa en términos de poder, especialmente si pierde las dos elecciones cruciales que le quedan hasta la primavera: las generales y las andaluzas, para las que todos los pronósticos son desfavorables.

Dicen que el desempeño del ser humano, especialmente de los dirigentes, se mide en la diferencia entre lo que recibe y lo deja. Felipe González y Aznar recibieron partidos en la oposición, muy débiles, y les llevaron al poder para dejarles de nuevo en la oposición, aunque con algunas fortalezas. El caso de Zapatero va a ser algo distinto; recibió un partido castigado, debilitado, pero va a dejar un solar.

El fracaso extremeño era previsible. Ese mecanismo automático de que los votos de IU los rentabiliza el PSOE cuando los necesita, es hipotético. Todos los votos hay que trabajarlos, especialmente los prestados o prestables. Los argumentos de los militantes extremeños de IU para negar la confianza a los socialistas se han tejido a lo largo de casi treinta años de desdén. Lo entiende hasta Fernández Vara, que es el dirigente socialista que mejor ha entendido que el PP parte de la legitimidad que otorga ser el partido que más votos recibió el pasado 22 de mayo.

Sin Extremadura los socialistas se quedan extramuros del poder. Si pierden Andalucía, que es tan probable como lo ha sido el fracaso en el Ayuntamiento de Sevilla, a los socialistas solo les resta una presidencia autonómica, la del País Vasco (precaria, excepcional) y una presencia minoritaria y de prestado en Navarra y Canarias. Por el contrario los populares disfrutan de franquicias sólidas en más de media España, con Madrid y Valencia como comunidades de referencia, y con una alianza blanda en Cataluña, que es valiosa para CiU y a la que Rajoy sacará rendimiento en el futuro.

El PP puede llegar a concentrar el mayor poder político del último cuarto de siglo en España, a poco que las cosas le vayan como estiman las encuestas. Mientras que los socialistas quedan en la mayor precariedad desde que llegó la democracia. ¿Qué puede aportar Rubalcaba a la herencia que recibe más allá de gestionar la ruina?

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