El descalabro efectivo del PSOE

El PSOE ha perdido las elecciones, pero lo que es peor, ha perdido el suelo, se ha quedado desnudo de poder territorial. El 27% de los votos obtenidos por el PSOE en las municipales otorga a los socialistas 21.767 concejales (muchos de ellos con nómina y poco trabajo) pero muy poco poder político y menos aún de gestión.

Gobernar en nueve capitales de provincia (la mayor Zaragoza y las siguientes Tarragona y Toledo) y en unas pocas otras ciudades (Vigo, la más importante) significa muy poco poder, no llegan al 10% del poder local medido en términos de presupuesto. Y en muchas de ellos lo hacen en coalición, es decir en precario. Se quedan a la mitad de la mitad del poder del que disfrutaban (o padecían) hace una semana. Y a nivel autonómico el descalabro es semejante o mayor, pendientes ahora sólo del desenlace en marzo de las elecciones andaluzas, con perspectivas muy poco favorables.

El PSOE retrocederá a 1979 en cuanto pierda las generales; ni siquiera la mayoría absoluta de Aznar el 2000 dejó a los socialistas tan ausentes de poder político. En algún país europeo un desastre semejante se ha llevado por delante el partido y ha generado la aparición de otras opciones postmodernas más abiertas e inciertas. Es el caso de Italia. En Alemania el viejo SPD soportó la caída y se ha recuperado en pocos años. Veremos cómo cursa el caso español.

Zapatero llegó al PSOE con una página en blanco y la rellenó con dos victorias electorales inesperadas que les otorgaron ocho años de gobierno que se saldar ahora con un desastre sin paliativos, para ellos y para la sociedad que quisieron encabezar. En algunos medida por causas ajenas pero con muchos méritos propios en el camino al desastre.

A Alfredo (Rubalcaba) le toca administrar una testamentaria endemoniada; no le queda casi nada y forma parte del equipo responsable del fiasco. Así que le toca administrar miseria y frustraciones, las de todos los que se quedan sin oficio ni beneficio que son ya millares. Un partido central sin poder y con poco programa. Desarbolado y amenazado de disidencias múltiples. Un partido esclerotizado donde nadie quiere asumir responsabilidades más allá de declaraciones sin consecuencias, vacuas.

El mapa de España se tiñe de azul PP, los nacionalistas que retienen poder creciente coquetean con los populares y los fuerzas vivas se acercan a los populares para reclamar que hay de lo suyo, tan perjudicado por estos que se van.

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