Veo7 y el fracaso de un modelo

De este gobierno se puede decir mucho y no bueno, pero no ha huido de los charcos, en cuestiones peliagudas que venían tropezando y tropezadas desde hace décadas. Por ejemplo se metió en el charco de la identidad catalana y de su ubicación en la España constitucional con compromisos atrevidos e inciertos y salió trasquilado y con el problema engrandecido para mal de todos. Por ejemplo asumió riesgos evidentes con la negociación con ETA, con la pretensión de acabar con el terrorismo, y el resultado es frustrante. Quiso recuperar consensos y neutralidad en los otros poderes del Estado, especialmente en los tribunales superiores, y el resultado concluye con el mayor desprestigio del judicial por méritos del gobierno, de la oposición y de los designados tanto en el Constitucional como en Poder Judicial, que no han sido capaces de acreditar independencia y buen criterio personal, es decir cumplir lo que les manda la ley.

Y entre los charcos y fracasos por méritos propios y ajenos está el modelo de industria audiovisual. El gobierno Zapatero decidió reformar la televisión pública y asumió costes con un resultado que devuelve el problema a la casilla de partida con cierta desventaja. Un gran viaje hasta el mismo punto de partida pero con mucho desgaste y pérdida de maniobra.

Y también reforma en la televisión privada. Con un saldo parcial muy poco favorable. El objetivo de pluralismo, de multiplicar los agentes no ha dado resultado. La calidad del producto ha caído y el aumento del número de agentes ha complicado más que resuelto.

Todos los grupos editoriales han exigido tener su trozo en la tarta audiovisual pero el resultado final es mediocre. Pedro J. se sintió discriminado y castigado sin licencia de televisión; se la dieron, un múltiple de cuatro canales, y su grupo no puede con tanto. Zapatero a tus zapatos. Los grupos editoriales, exitosos en sus medios básicos, tienden a fracasar en la diversificación. Hacer televisión tiene poco que ver con fabricar diarios o revistas, y el fracaso en un lado complica el futuro del otro. Unidad Editorial no puede sacar adelante Veo 7, reconoce el fracaso antes de poner en riesgo todo el grupo. Y otro tanto puede ocurrir en otros grupos semejantes.

El debate sobre cuántos actores caben en el negocio audiovisual es inútil; caben los que quepan, pero parece evidente que son pocos, que es un sector que exige recursos y mucho acierto, y que admite pocos supervivientes. Aprender la lección ha costado demasiado. El Gobierno diseñó mal el modelo, no ha funcionado y recomponer no va a ser fácil. Demasiada frivolidad, demasiada alegría, poca profesionalidad. Lo más irritante es que los responsables de cada fracaso se van de rositas, una vez más los perdedores son los que se van al paro, los que ven frustradas sus ilusiones. Las leyes del capitalismo defienden el derecho a fracasar pero exige que las responsabilidades se atribuyan a los causantes. Pero esta segunda parte se olvida. El modelo ha fracasado y sus costes hay que pagarlos.

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