Tras la derrota… dimisiones

Cuando Joaquín Almunia fracasó en su intento de ganar unas elecciones imposibles a Aznar dimitió al minuto dos de conocer el resultado electoral. A Almunia la faltaba pasión por el poder y le sobraba sentido común aunque su campaña  fue desastrosa. Rajoy aguantó dos derrotas y acumula ahora los deméritos de sus adversarios para disfrutar de una importante victoria, que le abre la puerta de ganar las generales.

Pero el protagonistas más interesante ahora es el derrotado, antagonista de sí mismo. A los socialistas les han abandonado un millón y medio de votantes en cuatro años y para las mismas elecciones. Les han abandonado en casi todas las plazas, una derrota colectiva e individual para la mayor parte de los candidatos. Son solo un puñado las ciudades en las que los candidatos socialistas han aguantado el tipo por méritos propios.

Zapatero fue diligente en el reconocimiento del fracaso personal y político, pero los candidatos derrotados han arrastrado los pies y escurrido el bulto. Por ejemplo los dos barones regionales de Extremadura y Castilla la Mancha que quisieron distanciarse del gobierno y del líder  han perdido entre 7 y 10 puntos respecto a los comicios anteriores. Piernas blandas los de ambos dirigentes aun cuando el extremeño puede aspirar a seguir gobernando aliado con IU.

El capítulo de las dimisiones anda muy pobre. La encabezan los dirigentes de ERC que se han caído de la nube que les llevó primero a gobernar en el tripartito catalán y a intimidades con Zapatero en la Moncloa. Ha dimitido también el alcalde de Córdoba (IU) al que los electores han proporcionado la mayor paliza electoral de la jornada. Pero las dimisiones son excepción, la profesionalización de la política es un dato de partida, y la defensa del puesto se antepone a la voluntyad d elos electores.

La euforia de los populares es lógica y es legítima. Nunca alcanzaron tanto poder municipal y autonómico, pero los votos obtenidos no significan el mejor resultado electoral del partido que en algunas elecciones rozó los diez millones, casi dos millones más que los contabilizados el domingo.

La melancolía se ha instalado en la casa socialista, laminados en Valencia y Murcia, hundidos en Madrid y Andalucía y confundidos en Cataluña. Se pueden consolar  mirando a sus colegas británicos y alemanes que parecían desaparecidos pero a los que sus adversarios han logrado rescatar como alternativa. A Zapatero los electores le han dado dos mandatos, como a Aznar. Pero ese plazo no es necesariamente una regla, el tiempo político va muy deprisa, se come los plazos.