El sangrila danés

Shangri-La es un mito literario engrandecido por el cine, un valle inalcanzable y feliz, sin dolor ni pasión, en paz y con prosperidad, independiente y distante. Un sueño, quizá un aburrimiento. Dinamarca podría aspirar a la calificación de “sangrila” europeo. Un país seguro, pacífico, próspero igualitario, satisfecho y temeroso del enemigo exterior. También egoísta y reticente.

Los reyes de Dinamarca (les toca reina desde hace cuarenta años), con función de jefes de estado sin poder en un sistema parlamentario, son la dinastía decana de Europa con continuidad de más de mil años. Y la sociedad danesa puede pasar por la más igualitaria del mundo. Sus 5,5 millones de habitantes son daneses en su casi totalidad, hablan danés, militan en la iglesia danesa, piensan danés, aprecian su moneda, la corona, sólida y estable durante más de un siglo, y recelan de todo lo que venga de fuera; eso sí sin perder oportunidades para engrandecer lo propio.

Dinamarca no es Suiza, quizá es más sin aparentar. Evitan parecer un país exclusivo o excluyente, aunque lo sean, y por eso participan en cuantas alianzas internacionales les van bien, pero a su manera, con su interés por delante. Por ejemplo forman parte de la OTAN desde primera hora, por lo que significa de defensa compartida y asegurada; están en la Unión Europea desde 1973, pero con su moneda y su modelo fiscal y de bienestar.

Probablemente es uno de los países con mayor carga fiscal del mundo (el 50%) pero sus ciudadanos no quieren reducir impuestos, incluso se han manifestado en contra de cualquier aventura fiscal y en favor de mantener un estado del bienestar más sólido e intenso del mundo, más incluso que los de sus vecinos del norte, noruegos, suecos y finlandeses, que son tan ricos como los daneses.

En la Unión Europea los daneses solo dan la nota cuando ven su integridad amenazada. Por ejemplo cuando la Constitución podía introducir alguna sombra a su espacio de soberanía. Votaron NO y desnudaron la debilidad del singular artilugio de la Unión Europea. De aquel No arrancaron muchos de los actuales problemas e incapacidades de Europa para una buena gestión de la crisis económica.

Los daneses dicen ahora que la libre circulación de personas en el espacio de la Unión está bien para las declaraciones, pero ni un paso más; que libertad de circulación pero con matricula y permiso de circulación, sin amenazas a la integridad cultural, social, incluso étnica y religiosa.

La Unión Europea gana con Dinamarca dentro, pero también pierde. Los noruegos se quedaron fuera porque dentro de la unión ponían en riesgo su franquicia pesquera; los daneses no han mermado ninguna de sus fortalezas. Por el contrario las han reforzado. Es legítimo, incluso patriótico, pero a eso se llama estar por el interés. La derecha dura danesa, y la finlandesa, imponen condiciones en la unión, a los rescates y la circulación de personas, lo hacen por temor a su estatus; pero complican a la vida a los demás socios del club. El debate está abierto, es sutil e interesado. Siempre lo ha sido, es la Europa de los mercaderes, asustada siempre por lo que viene del sur y del este.

fgu@apmadrid.es