Reactivar el crédito y la fábrica de billetes

Una de las primeras conclusiones de los niños cuando empiezan a razonar suele girar en torno al dinero y la posibilidad de fabricar billetes de forma infinita para poder satisfacer todas las necesidades. Luego viene “el tío paco con las rebajas”, es decir la llamada “teoría cuantitativa del dinero” que razonaron los teólogos españoles de el escuela de Salamanca avanzada la edad media que explica que a más dinero más precio para el mismo número de bienes, o incluso para menos bienes.

Viene a cuento del mantra de que el problema de la economía española es la falta de crédito, que si circulara el dinero los problemas se desvanecerían inmediatamente. Las cosas son un poco más complicadas; además la naturaleza de la actual crisis tiene mucho que ver con el crédito malo, con excesos manifiestos de crédito que han resultado fallidos.

Culpar a los bancos y a sus gestores de la actual crisis tiene fundamento; tienen mucha culpa, precisamente por haber despreciado el riesgo y prestar por encima de sus posibilidades y de las posibilidades de los deudores. Para evitar una catástrofe mayor los gobiernos acudieron con la manguera de la liquidez y con dinero fresco (financiado con deuda) para evitar el colapso del sistema. Pero a renglón seguido se vienen imponiendo políticas crediticias restrictivas para recuperar el equilibrio de los balances.

Las entidades financieras que presentan estos días resultados reflejan esa búsqueda del equilibrio con crecimientos de los depósitos (de los recursos que les prestan sus clientes) y disminución del crédito. Dicen los banqueros, y no les falta razón, que la calidad de la demanda de crédito es baja, que las garantías son insuficientes y que los riesgos elevados.

Familias y empresas reducen el endeudamiento porque la economía no crece, destinan recursos crecientes a reducir la deuda porque no esperan que vayan a mejorar las ventas y posbeneficios. La economía española tiene que digerir un sobreendeudamiento de familias y empresas lo cual complica la enfermedad y retrasa la recuperación; pero es una estación inevitable para sentar las bases de la salida de la crisis.

Reactivar el crédito no se consigue con la manguera de la liquidez de la emisión de deuda; hay que digerir los excesos y recuperar el equilibrio de los balances financieros, y no existen atajos para acelerar la recuperación, la deuda hay que honrarla, es decir pagarla; además hay que reducir el volumen de esa deuda porque la economía no crece. Y hay que explicarlo a la gente sin engaños y sin disimulos. No hay reactivación, va a tardar en llegar, entre otras razones porque el reconocimiento de la crisis ha sido tardío y parcial. El dinero no se fabrica de balde, el crédito no se reactiva a voluntad del consumidor.

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