Punto final a Osama Bin Laden

En la historia hay operaciones de contraterrorismo (llamadas de inteligencia) que ocupan una página destacada en los anuarios; las hubo exitosas y también fallidas, unas crearon mitos y otras les derrumban. Y además películas, leyendas e incluso memorias y crónicas. Existe el mito, muchas veces fundado, de que los comandos del ejército de Israel son los más preparados y eficaces, es decir los más letales; que las fuerzas especiales británicas son muy profesionales y que en los Estados Unidos hay de todo, incluida una CIA chapucera y confusa y una docena de agencias y grupos especiales que cada cual va por su cuenta y que no hay manera de coordinar.

Entre las grandes operaciones exitosas está la del aeropuerto de Entebe (julio de 1976) que permitió el rescate de un centenar de rehenes pasajeros de un avión de Air France secuestrado en vuelo por terroristas palestinos. Un centenar de comandos israelíes liberó a casi todos los secuestrados aunque con 54 muertos: el jefe del comando israelí, tres rehenes, los secuestradores y 45 soldados ugandeses.

La otra cara de la moneda corresponde al presidente Carter (1981) con el fracaso de la misión de rescate de los rehenes norteamericanos retenidos en la embajada por los revolucionarios iraníes. El comando de rescate no alcanzó el objetivo, encalló en el desierto, y descubiertos en territorio iraní abortaron la operación con bajas que luego fueron exhibidas por las calles de Teherán. Una vergüenza para los Estados Unidos (una más tras el deprimente fracaso en Vietnam) que contribuyó a la caída de Carter y al triunfo de Reagan.

Lo ocurrido ayer en Abbottabad (Pakistán) al norte de Islamabad, cerca de la montañosa frontera con Afganistán, significa un nuevo éxito para las operaciones especiales, un comando contraterrorista de los SEAL que consiguen un objetivo sin bajas y plena eficacia en cuanto a los objetivos. Cuando la opinión pública mundial empezó a conocer los hechos (a las 4.30 de la mañana hora española), pocos minutos después de la información oficial facilita por el presidente Obama ante las cámaras de televisión, el comando ya estaba fuera de Pakistán y el cadáver de Bin Laden a punto de desaparecer, parece que enterrado en el mar, en sitio indeterminado.

Con un discurso de 1.500 palabras, poco más de diez minutos, Obama asumió la responsabilidad y dirección de la operación, dejó claro el alcance del poder de los Estados Unidos y reiteró la oferta de paz al mundo islámico que formuló el julio del 2009 en la universidad Al Azhar de El Cairo. Un discurso el de anoche que no responde a todas las preguntas, aunque hay tiempo para formularlas y para detectar los posibles agujeros del relato, pero que presentó una primera foto suficientemente perfilada de los hechos.

De forma inmediata se notó el silencio de los que se han hartado de criticar de pusilánime al presidente, casi de cómplice de los terroristas por blandito sospechoso, un nuevo Carter. Las bromas de mal gusto de la FOX con juegos de palabras con Obama y Osama, no borran la imagen de un comandante en jefe que manda. Y por otro lado están los que sostuvieron al poco de conocer la operación que debería haber sido limpia, con detención y juicio con garantías. ¿Se imaginarán a un policía a la puerta del bunker de Bin Laden enseñando la chapa y gritando: “Policía, están detenidos”? o ¿han pensado un segundo ante que juez tendría que comparecer el sujeto?

El presidente Obama, mal que les pese a algunos, pasará a la historia por muchas novedades que le vienen acompañado (y las que quedan) y por algunos acontecimientos relevantes durante su mandato. La captura y eliminación de Bin Laden es uno de ellos.

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