El desprecio por los plazos complica las reformas

Portugal ha despreciado los plazos a la hora de asumir las reformas que le exigen los acreedores y que le impone la crisis, y va a pagar caro el retraso. Los portugueses se ven ahora empujados a pedir el rescate de sus socios en el euro o a abandonar la moneda y el club, con consecuencias imprevisibles. En el caso español, aunque las reformas son más efectivas, al menos en comparación con los demás, el ritmo no es el recomendable y, antes o después, puede haber problemas de solvencia.

En España las reformas tienen que ver con el gasto público y con los mercados de trabajo (en plural porque son varios mercados, el de los fijos en convenio, el de los eventuales, el de los parados…) cada cual con su propio avatar. Respecto al gasto público y la reducción progresiva del déficit el año 2010 fue satisfactoria; el Gobierno cumplió los compromisos asumidos, pero fue solo el aperitivo de un ajuste al que queda mucho camino por recorrer. Este año hay que recortar otros tres puntos de PIB, lo cual requiere de decisiones severas en materia de gasto corriente, que va más allá del retraso de programas de inversión.

Pero lo que tocaba este mes es la reforma del modelo de negociación colectiva, del marco de los convenios colectivos que tienen especial protección constitucional que les otorga rango legislativo y a los que el Estatuto de los Trabajadores refuerza con vigencia más allá de los plazos de vigencia mientras no se acuerda un nuevo convenio. La reforma requiere de algunos cambios normativos y de una acuerdo entre las partes afectadas que dicen es posible, pero que los sindicatos sitúan en el horizonte de la Semana Santa.

El gobierno había fijado como plazo límite esta semana, pero una vez más habrá prórroga y desgaste. Son reformas a trancas y barrancas, que salen adelante de forma parcial, pero con más sufrimiento y más concesiones de las recomendables, incluso de las necesarias. Las materias sometidas a debate son conocidas, están debatidas, solo requieren decisión y coraje, valores ambos que no abundan en los actuales líderes sociales, que tienen agotada la voluntad de cambio, que son mucho más conservadores de lo que imaginan y admiten.

Aplazar la reforma de la negociación colectiva para arañar alguna ventaja de menor cuantía debilita el crédito del país en su conjunto en beneficio de nadie. El Gobierno ha carecido de autoridad en este proceso de reformas, ha hecho más de lo que se le atribuye, pero sin explicaciones, sin pedagogía, a la fuerza, sin movilizar las conciencias de los ciudadanos que desconfían, que no se sienten bien gobernados.

Cada día que pasa al Gobierno le costará más compren las mayorías suficientes para sacar adelante iniciativas legislativas, que cada vez están menos al alcance de los socialistas, todo huele a campaña electoral y a búsqueda desesperada de votos, la crisis pasa a segundo término, convertida en instrumento y no en enemigo a derrotar. Sindicatos y patronal han entrado en el juego político electoral por comodidad, por si las reformas se quedan para más adelante.

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