Me fiaré de las personas mejor informadas…

La catástrofe nuclear de Fukushima significa una gran oportunidad para los medios informativos, para los clásicos y para los nuevos, para los escritos en papel o digital y también para los audiovisuales. Una gran oportunidad y una prueba para los periodistas y para el periodismo. Explicar un asunto complejo que interesa e incluso impresiona, apasiona y atemoriza a la mayor parte de los ciudadanos, es una prueba sobresaliente para los medios.

Las televisiones han incorporado a la agenda la tragedia nuclear con sucesiones de imágenes y con testimonios de minuto por experto (les laman totales), pero con poco espacio al debate sosegado y en profundidad. Han debatido más parejas de periodistas confrontados (la mitad a favor, la mitad en contra) que expertos con información, con reflexión y con razonamientos entrenados.

La unidad de medida en las televisiones es el segundo, porque en un segundo el espectador ansioso (alguien al que colocar anuncios en las televisiones comerciales) hace clic en el mando y cambia de canal, sobrevuela los canales en busca de emociones. Por eso las piezas van cada vez más picaditas, más salpicadas, más superficiales y llamativas.

Los diarios van a su aire, vacilan entre el formato digital y el clásico y tratan de ofrecer color, infografía y titulares provocadores. Y cuando decae la información, cuando se aleja la catástrofe, el apocalipsis del comisario europeo de la Energía, la historia pierde interés. Otro asunto urgente desplaza al anterior, la guerra de Gadafi desaloja la catástrofe nuclear, sobre todo si no es para tanto.

Entre las piezas interesantes publicadas estos días, me llamó la atención el artículo de Ruy Murakami (*) publicado en El País del domingo con el título: “Yo no huiré”. Como la inmensa mayoría de los japoneses y de los extranjeros residentes en ese país, el escritor ha hecho lo mismo, permanecer, seguir su vida.

Pero Murakami señala algo relevante para los periodistas, para meditar, dice: “… me fiaré de las palabras de las personas y organizaciones mejor informadas, en especial de científicos, médicos, e ingenieros a los QUE LEO ON LINE. Sus opiniones y juicios no merecen mucha atención en los noticiarios. Pero si la información es objetiva precisa confío más en ella que en todo lo que oigo”.

¿Es objetiva y precisa la información que aparece en los medios? ¿Es confiable? ¿Ofrecen los medios espacios amplios, abiertos, francos, para todas las opiniones, con margen suficiente para que se expresen los que saben? ¿Quién consigue más espacio, las audaces o los informados?

Murakami concluye con una apelación a la esperanza, dice que frente a lo perdido, podemos recuperar la esperanza, al menos se ha plantado la semilla de la esperanza, concluye. Pues que el cielo el escuche y en la tierra lo veamos.

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