¡Cien por hora!, no es para tanto, no es el tema

La limitación de la velocidad en autovías y autopistas a 110, diez kilómetros menos de los establecidos desde hace décadas, ha levantado una polvareda con argumentos de todo tipo. Los más gruesos esgrimen la queja por la libertad conculcada, la pasión por prohibir. Pero es un argumento débil, cogido por los pelos, rebajar el límite en diez kilómetros por hora no es sustancial ni novedoso, las limitaciones de tráfico son intensas, minuciosas, y por ahora nadie interpreta que atenten contra la libertad. ¿Conspira contra la libertad individual conducir por la derecha o la obligación de utilizar intermitentes para indicar los movimientos o la obligación de utilizar los cinturones de seguridad? En todos esos casos estamos ante derechos que afectan a los de los demás, especialmente el derecho a no sufrir accidentes provocados por otros. Javier Arenas fijó la posición política de la oposición el domingo con la proclama: “el Gobierno miente, insulta y prohíbe”. ¡Alabado sea Dios, de una tacada dejó las cosas claras! ¿Tanto miedo tiene la oposición al Gobierno como para fijar semejante distancia?

Lo inquietante de este alboroto es que tapa el problema de fondo, el que debería ocupar a los gobiernos de antes, de ahora y de después y al conjunto de la sociedad: la dependencia energética y los riesgos del encarecimiento del petróleo e incluso de una interrupción en el abastecimiento. No se trata de hipótesis improbables, sino de riesgos ciertos, previsibles.

La dependencia energética española es una de las más altas del mundo, y el consumo de energía por unidad de valor añadido también es de los más elevados. Y no hay forma de corregirlo, entre otras razones porque ni siquiera se intenta. En este aspecto la sociedad española funciona “alegre y confiada”, como si nunca fuera a ocurrir un contratiempo. Ni este Gobierno, ni los anteriores se plantearon en serio desarrollar programas de ahorro energético. El ministro de Industria lo ha intentado con poca fortuna, el reparto de bombillas de bajo consumo pareció una broma, una ocurrencia, cuando podía haber tenido contenido y mensaje al ciudadano.

El guirigay a cuenta de los 110 por hora es deprimente, ni es para tanto, no es lo importante. La limitación de la velocidad está en todos los manuales de ahorro energético, aunque no sea la principal medida para ahorrar, ni suficiente para mentalizar y lograr resultados. El Gobierno no acierta a la hora de tomar medidas convincentes y efectivas, fracasa con la pedagogía y se enreda en explicaciones improvisadas o poco meditadas. Y la oposición se afana en oponerse a todo lo que se mueve, insensible al dato de que va a ganar las elecciones y que va a tener que gobernar con pocas opciones, con necesidad de mucho apoyo social e incluso político. La pasión por ganar ofusca el siguiente movimiento, además de ganar luego hay que convencer.

Ahorrar energía, reformar el modelo energético es uno de los problemas nacionales, un obstáculo y límite a la prosperidad. Lo de los 110 por hora es anecdótico, lo importante es lo otro, pero estamos en carnaval, que siga la música de los caballitos.

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