Hablamos de España

El Rey presidió en el Congreso un almuerzo informal con parlamentarios, periodistas y personas que vivieron directamente hace treinta años, en cuerpo y alma presentes, el asalto al Congreso que quiso ser un golpe de estado. Una reunión amable, conmemorativa, tolerante, testimonio de reconciliación de personas que antes no se quisieron nada.

Al salir el Rey resumió con un comentario muy propio de su función: “hablamos de España”. Después del almuerzo hubo sesión especial en un hemiciclo abarrotado. Habló Landelino Lavilla, el presidente del Congreso que estaba expuesto (descripción de Leopoldo Calvo Sotelo del estado de un presidente de la Cámara) cuando los asaltantes irrumpieron en el Congreso. Landelino (es uno de esos políticos clásicos cuyo nombre propio les define) hizo gala de su singular oratoria y talente de jurista fino y democristiano a secas al dirigirse a unas bancadas de ex diputados, algunos sentados en el mismo lugar en el que estuvieron hace treinta años. Landelino precisó que aquello fue una página negra de la historia de España y que ahora no se celebra sino que se recuerda. La precisión es pertinente.

Estos días todos los medios han dedicado muchas páginas al golpe frustrado, mucho recordatorio, mucha recopilación, y pocas novedades. No he reparado en nada nuevo relevante, ni siquiera en esas actas que se han publicado por primera vez. Pepe Oneto ha actualizado la crónica de aquellos sucesos, más documentada y con más valor que la exitosa recreación de Cercas. Pero novedades, novedades muy pocas o ninguna.

Bono, presente en primer plano entonces y ahora, ha proporcionado un dato nuevo que comentó el Rey en la comida. D. Juan Carlos tuvo noticia y concepto de primera mano de aquella imponente manifestación-entierro de los abogados asesinados en la calle Atocha en vísperas del debate constitucional. Aquel día el PCE se ganó la legalización, acreditó una fuerza y una organización imponentes. Aquel día, aquel ejercicio de acción colectiva, forma parte de la lista corta de movimientos y actuaciones decisivas que fuerzan un cambio. El Rey lo vio desde el aire, desde un helicóptero, y tomó buena nota. Si ahora lo recuerda es porque produjo impresión en su conciencia.

El Congreso ha vivido media jornada al amparo de la reconciliación y el consenso, pero la otra media, la mañana, bajo el dominio de la demagogia, el reproche inútil, la aspereza maleducada y el mal ejemplo. Celia Villalobos brilló con luz propia con calificativos bochornosos, pero eso es lo habitial, por la mañana no hablaron de España sino de cómo esos españoles groseros, desmedidos, de taberna que solo pueden justificarse si están pasados de copas, y no suelen estarlo.