Fainé intenta poner calma y orden

No es sencillo embridar los problemas de las cajas de ahorro, quizá se ha llegado demasiado lejos y demasiado tarde. Van casi dos años tratando de sortear una crisis y huyendo de la realidad y los problemas engordan; de manera que las excusas de última hora, las reiteradas demandas de más plazos, tienen débil justificación. Han pasado meses y oportunidades desde que comenzó el destape de los activos dañados, de los problemas de liquidez y ahora de la duda sobre la solvencia de algunos grupos.

La naturaleza del negocio financiero es peculiar. En los demás negocios la liquidez actúa como alerta de problemas. En el negocio financiero siempre hay liquidez, recursos ajenos, y cuando falta esa liquidez el desastre es monumental. Por eso los negocios financieros están sometidos a supervisión, porque gestionan el sistema de pagos y recursos de terceros.

Las cajas de ahorro españolas son de naturaleza singular, sus dueños son imprecisos, y la supervisión corresponde al banco de España pero también a los gobiernos autonómicos que tienen que asumir competencias para la que no suelen estar capacitados. De hecho ningún gobierno autónomo ha aportado soluciones en esta crisis, más bien han complicado.

El gobierno ofreció recursos públicos, presupuestarios, para recapitalizar las cajas, hasta 90.000 millones con un tercio disponible de inmediato. No era algo excepcional, en todos los países se produjeron en ese momento movimientos semejantes y en cuantías colosales. Para la primera ronda, la del pasado año, las cajas tomaron poco más de 10.000 millones (además de lo aportado a las dos intervenidas, CCM y Caja Sur) para recapitalizarse. Ahora empieza la segunda ronda, que podían haberse ahorrado si en la primera hubieran aplicado rigor. En estas crisis aplazar encarece, ahora los recursos necesarios serán mayores, porque el agujero se ensancha. La CECA que en su momento solucionaba problemas en el sector ya está desbordada. Su papel es menor porque los problemas de algunos desbordan el sector. Felizmente al frente de la CECA hay una persona capaz, serena y con fundamento. Isidro Fainé primero ha colocado en la zona de seguridad la Caixa a la que ha proporcionado una nueva dimensión y carácter. Y ahora defiende modelos abiertos para las cajas, adaptados a su propia naturaleza y posibilidades.

Fainé sabe que las soluciones llegan mejor con calma, sin ruido, sin lamentos, con negociaciones inteligentes y con rapidez. El gobierno aprobará mañana medidas que deberían ser definitivas, drásticas, adecuadas para tapar la brecha y evitar unas metástasis peligrosas. Ya no es cuestión de plazos, es hora de decisiones definitivas.

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