Bancos y cajas enladrillados

El ejercicio de transparencia exigido por el Banco de España (y por las circunstancias) al sistema financiero español para conjurar el fantasma de un hipotético desastre pone de relieve la pasión de los banqueros (especialmente los de las cajas) por el sector inmobiliaria. Algo así como España en un ladrillo. Hasta 600.000 millones de euros de créditos tienen los bancos y las cajas españolas comprometidos en las distintas fases del sector inmobiliario. Hay que sumar, además, la financiación de cooperativas de crédito y de bancos extranjeros que no han destapado sus balances con la misma profundidad.

A la vista de los datos cabe la pregunta: ¿No faltó una alerta temprana del riesgo? ¿Fueron suficientes las advertencias del servicio de estudios del Banco de España sobre la sobrevaloración del sector inmobiliario? Además de las provisiones genéricas, tan celebradas por todos los supervisores del mundo ¿no hubiera sido pertinente algo similar al riesgo en suelo y promoción? Pero todo es agua derramada, acabado el partido es fácil rectificar la alineación y la táctica.

Lo conocido ahora confirma los peores temores. La financiación de suelo (que hoy no vale casi nada) asciende a más de 60.000 millones de euros, tres cuartas partes de cajas de ahorro (20% Caja Madrid y asociadas y 12 % del grupo Astur-Mediterráneo). Y la financiación hipotecaria garantizada con activos valorados en más del 80% del crédito asciende a otros 90.000 millones de euros.

Ambas situaciones revelan un notable desprecio al riesgo por parte de quienes otorgaron esos créditos y por tanto quebranto de principios básicos y elementales de la profesión. En resumen mala práctica inadmisible a cualquier profesional que quiere seguir en el negocio, susceptible incluso de reclamación ante los tribunales. Pero no parece que se vaya a plantear una actuación en ese sentido. De momento solo los directivos de Caja Castilla La Mancha han desfilado por el juzgado con una acusación partidista que busca réditos político-electorales y no por razonamiento deontológico.

El sistema financiero español pretendía pasar como uno de los más eficaces y profesionales del mundo; con estas cifras de riesgo la hipótesis se viene abajo. Y también una parte de la reputación; riesgos mal asumidos y además mucho disimulo ya que ha pasado mucho tiempo hasta el actual ejercicio de trasparencia, lo cual indica que no hay muchas ganas de enmienda.

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