La madre de todas las cumbres

La reunión del jueves en Madrid de medio Gobierno español con medio Gobierno alemán, con sus jefes a la cabeza, es una más de las dos docenas de reuniones semejantes (denominadas”cumbres”) celebradas aquí y allí durante el último cuarto de siglo. Pero esta no es una cumbre cualquiera, es la madre de todas las cumbres, que escenificará una cierta pleitesía de uno de los socios de ese neo-imperio carolingio que encabeza la canciller de Alemania, con el presidente francés a su derecha. Según esa tesis la canciller llega a Madrid para examinar al presidente español y verificar si ha hecho los deberes que le impusieron en Bruselas en aquel complicado fin de semana de mayo, cuando los mercados parecían dominar la tierra.

Pero se nota dominio de la literatura épica para suplir con emoción lo que es prosa más dura, números. Esta historia de lo carolingio con un directorio que manda en Europa enmascara realidades más complicadas. Ni hay directorio, ni puede haberlo. Sería más sencillo que alguien tuviera el poder de decidir, pero el determinismo histórico es una explicación conspirativa que va bien a la literatura pero no a la realidad.

Alemania tiene una posición dominante en Europa, es el motor de la UE, pero no el único motor, ni determinante. La canciller no dirige los mercados, no determina flujos, precios y cantidades, y tampoco decide quien entra o sale del club europeo. Si así fuera no estallarían las crisis o se resolverían en horas. La realidad es más complicada y los poderes y facultades están más repartidos, diluidos y enfrentados.

La cumbre del jueves es importante porque escenifica la posición y relación de dos países importantes de la Unión, el que encabeza el club y el que puede complicar el futuro de todos. La economía española es demasiado grande para someterse a eso que llaman intervención (“to big to fail”), y por eso mismo el Gobierno español, cualquier gobierno, tiene el deber de evitar convertirse en el problema.

La cumbre del jueves es importante en sí misma y también como antesala de la reunión del Consejo Europeo del viernes en Bruselas que tiene que despejar la tormenta monetaria sobre el euro y empezar a serenar los mercados financieros. En la cumbre del jueves interesa a todos, a Merkel y a Zapatero (aunque no se caigan simpáticos) aparentar que saben lo que se traen entre manos y que van a conseguir los objetivos pretendidos.

De la cumbre de Madrid saldrán algunas sonrisas, buenas fotos, un comunicado más o menos neutro, y cierta sensación de alivio para disgusto de los que vienen anunciando catástrofes inmediatas. La madre de todas las cumbres me parece que va a pasará página como otra más. Estos son tiempos de prosa dura.

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