Rajoy, ¿más alto, más fuerte…?

El discurso de Rajoy el domingo, cierre de la convención sevillana de los populares, dibuja un líder del PP con más perfil, con más seguridad, más centrado. Da la impresión de que hay algún nuevo amanuense en el gabinete de discursos de la calle Génova, porque la estructura del discurso del domingo es nueva, más ceñida, otro vocabulario y otro fondo.

Me sorprende que el titular unánime en todos los medios, domingo y lunes, haya sido la “sed de urnas” de España porque no me parece lo más sugestivo del discurso. Peor aún, me parece de lo más débil porque no es esa la sed de los españoles en estos momentos, las encuestas dan opiniones divididas. Además, aunque el Gobierno y su presidente pasan por el punto más bajo de popularidad disfrutan del momento de mayor fortaleza parlamentaria en lo que va de legislatura.

El Rajoy de Sevilla fue más amable que nunca, más seguro que nunca, más político responsable que nunca antes. No dedicó ni una línea a su adversario, que hasta ahora había sido una obsesión en los discursos de Rajoy, y muy pocas al Gobierno, solo las necesarias para calificar la gestión con datos bien traídos.

El discurso (con inspiraciones en textos de Obama) apeló a la confianza, a la autoestima de los españoles, y a la esperanza. E incorporó ideas nuevas de corte centrista, con buen talante: “dejar atrás la división, la fractura social, el debilitamiento de la Nación, el deterioro de valores básicos” para concluir al final: “Queremos una España sin discordias“, “la abnegación, el patriotismo y la buena voluntad no son de ningún partido”.

Y por el medio referencias claras al objetivo de crear trabajo, de volver a crecer para recuperar el empleo. “Sólo el empleo garantiza las pensiones y los servicios públicos”. No más impuestos (“no estrujar a los ciudadanos como a un limón”, no más cabio de las reglas del juego cada trimestre, no a 17 mercados distintos… Apeló a un “proyecto nacional que modernice la economía, que favorezca el crecimiento y el empleo. Un plan global que integre todas las reformas”. “Austeridad, no gastar más de lo que se ingrese, vigilar el dinero… mérito, esfuerzo, educación. Democracia fuerte, que la ley se cumpla, que la justicia funcione con independencia y rapidez… trabajo y humildad”.

Un buen discurso, corto, al grano, sin florituras, con ideas fuerza y con fuste. Y con un problema: ¿cómo aterriza el discurso con la práctica de cada día”, con la estrategia de ocupación de las instituciones con amigos, con la tolerancia, con la golfería de los de casa? El mejor Rajoy con un deficiente reflejo en los medios que han elegido las partes menos sugestivas del discurso.

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