Pasan página de huelga, reabren la negociación

La huelga general ha formado parte de los mitos del siglo XX; parecía el pórtico de la tierra prometida, la antesala de la revolución pendiente. Durante el franquismo la “Huelga General Pacífica” era uno de los mantras de la oposición, un arma mágica para acababa con el régimen en un solo acto, como disolvente. No funcionó. Hubo huelga general, varias huelgas generales, pero con la democracia, con éxitos muy limitados y con la excepción de la de diciembre de 1988, que dejó herido grave a Felipe González (al borde de la dimisión) y a su gobierno. Pero ese éxito sindical inmediato (era algo que la sociedad se debía) no impidió que el PSOE ganara, por tercera vez consecutiva, las elecciones generales un año después.

Desde entonces los sindicatos han utilizado la “huelga general”, ahora con minúscula, en varias ocasiones, contra todos los gobiernos, con resultados muy decrecientes. Tanto que tras la del pasado mes de septiembre el instrumento ha quedado desactivado, obsoleto.

Estos días se especula con otra huelga general contra la reforma de las pensiones, y luego otra contra la reforma de la negociación colectiva, y otra por la inutilidad de todas las anteriores. En resumen la huelga general como excusa, como movimiento continuo para justificar la inutilidad de las movilizaciones.

Como los sindicalistas no son tontos, como saben que hay que seguir cada día a la tarea, que hay que vivir, que la vida continua, han caído en la cuenta de que los tigres de papel de los que hablaban los revolucionarios de mediados del siglo pasado existen, y que la huelga general forma parte de esos “tigres de papel”. Así que la amenaza-excusa de la “huelga general” ha mutado a la idea del “pacto social”, la negociación en vez de la confrontación, una vez que ha quedado claro que el desahuciado gobierno Zapatero ha asumido que es el gobierno de las “reformas pendientes”, que tiene poco que perder y que de caer en las urnas, mejor hacerlo con el zurrón lleno de obras.

Se ha abierto la puerta a la negociación de un nuevo “pacto social”, y en ello trabajan con discreción unas cuantas personas. La inquietud, el rechazo de fotos y pactos que expresó ayer el portavoz del PP, Cristóbal Montoro, tiene que ver con esa posibilidad. El PP se siente en la antesala del poder y no quiere cambios en la tendencia ni aventuras, prefiere acelerar el relevo y pocas novedades. Un PSOE tan debilitado como el actual puede abrir la puerta a una larga etapa de los populares.

Este mes y el próximo van a ser decisivos, si el Gobierno saca adelante la agenda de reformas y leyes previstas y los pactos que requieren con otros grupos puede recuperar margen de maniobra para competir, incluso restar oxígeno a una oposición que se siente ganadora por goleada y por incomparecencia del adversario. Una oposición que se acertara a leer bien el partido, podría levantar la bandera reformista para hacer ya con cierta facilidad lo que saben que tendrían que hacer más tarde con más dificultad.

En Alemania el gobierno socialdemócrata-verde llevó adelante las reformas que sacaron al país del estancamiento y que luego ha capitalizado la canciller Merkel, que pasa por reformista cuando el trabajo sucio se lo hicieron los anteriores.

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