ETA escribe a los suyos

Llegó el reiteradamente anunciado documento-declaración de ETA que responde a las exigencias de su entorno, con el que trata de recuperar posición en el tablero político vasco y español y ante la opinión pública. En esta ocasión no han buscado la coartada de divulgar su comunicado a través de algún medio internacional reconocido (la BBC ejerció de tonto útil el pasado septiembre para difundir un simulacro de “alto al fuego”) sino que se han conformado con el medio más cercano y un video con encapachados y despliegue de banderas. El documento divulgado es conciso, un folio con menos de 30 líneas, y ambiguo, insuficiente. Los argumentos pueden ser satisfactorios para las cercanías etarras, para quienes les apoyan y comprenden, pero muy insuficiente para el resto.

Los de ETA agotan el repertorio, sin asumir que tienen que acabar la tragedia; quieren sentirse activos, resistentes, con pretensiones, quizá porque quedan miles de enganchados a la banda que han hecho del terrorismo una forma de vida. Tal y como se acreditó este fin de semana en la manifestación de Bilbao, siguen colgadas de la brocha etarra familias con parientes condenados, bien condenados, para los que esperan la gracia que les prometieron sus mentores, y gentes que viven de eso, que creen que su camino es el correcto. Desarmar todo el tinglado es complicado y requerirá tiempo y maña.

Por eso el nuevo comunicado de ETA, como el anterior de septiembre, solo es otro escalón más en el desmontaje de la banda. Llama la atención que el lenguaje de los terroristas siga dominando el discurso público. Se ha especulado demasiado sobre una declaración de “tregua”, una de las palabras elegidas por los terroristas, porque les hace sentirse protagonistas. Pero el concepto de “tregua” es impropio, no es tregua lo que los terroristas pueden ofrecer, esa oportunidad, si existió alguna vez, se arruinó hace años. Tampoco el concepto de “alto al fuego” es correcto, esta no ha sido una guerra, ni siquiera asimétrica.

El estado de derecho, los ciudadanos libres, las víctimas, solo pueden esperar el punto y final, sin condiciones. El reciente “documento de la justicia” (1) elaborado y promovido por la Fundación Víctimas del Terrorismo constituye una buena referencia para poner en valor las iniciativas de los etarras. Los de la violencia no deben disfrutar de las oportunidades no merecidas y ganadas, la justicia no puede debilitarse ni un milímetro, mientras el desarme, la renuncia a la violencia y el arrepentimiento no hayan hecho todo el recorrido preciso, mientras no queden plenamente acreditados.

Al gobierno corresponde dirigir ese proceso, y a la oposición evitar tentaciones de protagonismo inútil, que solo darían alas a los terroristas. Se impone perfil bajo, seriedad, realismo, pocas declaraciones ampulosas y ningún lenguaje confuso. Tanto Rubalcaba como Cospedal estuvieron ayer atinados, en su sitio, aunque no faltará quien venga a estropearlo.

El terrorismo está derrotado, carece de espacio y de oportunidad en nuestra sociedad. Los terroristas empiezan a ser conscientes de ello, aunque no del todo. Por eso queda camino hasta la clemencia. El folio de ETA va dirigido a los suyos, a los que les han rogado que pongan punto final; pero no llega más allá, es insuficiente y debe ser valorado por lo que es, principio del fin, pero no el fin. Para eso se requiere otro tono, más compromiso y decisiones irreversibles.

(1) http://www.fundacionvt.org/index.php?option=com_content&task=view&id=728).

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