El Rey 73 años y van 35 de corona

El Rey cumple años con naturalidad, con normalidad; con audiencia oficial al viceprimer ministro chino (Mr. Li) que visita Europa para hacer negocios en su condición de 2el más rico del planeta”. El Rey ejerce así sus limitadas responsabilidades de Jefe de un Estado democrático y parlamentario que utiliza la monarquía como símbolo de “unidad y pertenencia” (art. 56 de la Constitución Española).

D. Juan Carlos entendió desde primera hora que la estabilidad de la Corona era simultánea y consecuencia de la propia estabilidad de la sociedad española, necesidades recíprocas. La Corona dura en función de su propia utilidad, tiene sentido en tanto exista una sociedad a la que representa y a la que no perturba. El Rey ha sido sensible y hábil para entender a quienes no entienden su función, a los que se ofuscan ante la vieja nobleza o perciben la corona como algo antiguo regido por principios de ayer. El Rey ha sabido navegar entre los obsesionados que quieren que sea más y los que pretenden que sea menos, o nada. Todos ellos forman parte del conjunto que permite que las cosas funcionen sin precipitarse al vacío o al enigma.

De los 35 años de jefatura del estado de D. Juan Carlos, 32 han transcurrido bajo imperativo de la Constitución de 1978 que establece que “la soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado” (CE, art. 1.2), es decir que la soberanía del pueblo antecede a la corona, y que la monarquía democrática es consecuencia de esa soberanía. Es decir una monarquía instrumental que tiene como exigencia ser útil a la sociedad a la que sirve, eficacia sin asunción de responsabilidades ejecutivas más allá de la representación y, en lo que sea posible, de cierta moderación.

No faltan amantes de las emociones y especulaciones, de los que gustan desayunarse la merienda, que encuentran causas e indicadores para anticipar el mañana y anuncian novedades y acontecimientos que ocurrirán cuando ocurran. El Rey hace bien su trabajo cada día, y además no complica. Sabe que inevitablemente tiende a la soledad, aunque no sea fácil alcanzarla. Se cuida de no tropezar con esos oficiosos que dicen venir a ayudar (y ayudarse) y que acaban actuando como imán que atrae mucho de lo que se mueve.

Mientras el príncipe Felipe conoce el patio, cata al personal, escucha, toma nota, pregunta con tino, evita desgastes inútiles y s e prepara para ese momento inédito de una sucesión ordenada en un sistema parlamentario y democrático. Dejen al Rey en paz mientras hace su trabajo, mientras mide sus tiempos y sus oportunidades y preferencias, tiene bien ganado un crédito que para sí quisieran los demás. Feliz cumpleaños y larga vida. Y suerte de todos que tenga por detrás a una persona capaz y bien equipada como es el príncipe Felipe.

Mientras muchos especuladores seguirán especulando, aunque sospecho que afeitan un huevo, que no tienen ni idea.

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