Mal empezamos el año, con un amenazante IPC

El primer dato económico del año no podía llegar más amenazante. El avance del IPC armonizado apunta al 3% (2,9% es el dato del INE) en tasa interanual, la peor de los últimos 25 meses, de lo que llevamos de recesión y crisis. El dato no puede ser peor ya que afecta a las expectativas de precios y salarios en el arranque del ejercicio y supera las previsiones oficiales sobre el comportamiento de los precios. Es cierto que la tasa media del año será del 1,8% (la segunda más baja de la década) y que la subyacente (sin energía ni alimentos) seguirá en zona moderada, pero las tasas interanuales de noviembre (2,3%) y diciembre (2,9%) son las que sirven para indiciar pensiones y salarios de convenio con cláusulas de actualización de rentas.

Queda por conocer la tasa de inflación de las otras economías del euro y la media de la zona, pero parece evidente que serán entre medio y un punto inferiores a la española. De manera que volvemos a perder competitividad y alguien tendrá que explicar, con autoridad, que indiciar precios y salarios solo servirá para sentar las bases del crecimiento del paro, que ya alcanza unas cifras insoportables, de las que tendremos más detalle esta mañana con los datos de diciembre.

En dos meses el IPC interanual ha ganado un punto; a las seis décimas que le endosó en verano la subida de dos puntos de IVA, se añaden ahora dos décimas por el aumento de la fiscalidad del tabaco aplicado hace unas semanas, y varias décimas por el aumento de los precio de los carburantes, que se justifica en buena medida (no del todo) por el aumento del precio del petróleo.

De manera que son suma de factores, todos negativos, que conspiran contra la estabilidad y contra la salida de la crisis. Patronal y sindicatos pactaron hace un año la política de rentas para tres años con previsiones de inflación que ahora están desbordadas. Es posible que avanzado el año el IPC vuelva a la zona del 1 al 2% (el instituto Flores de Lemus estima que el IPC medio del 2011 rondará el 2,3%, con un interanual en diciembre del 1,3%). Pero quedan muchos meses por delante como para que las previsiones salten por los aires.

La obsesión del Gobierno es el déficit y tiene sentido, es lo que reclaman los inevitables acreedores, pero ahora tendrán que añadir un nuevo fantasma, el de la amenazante inflación. Tratar de sacar ventaja repercutiendo a los costes el IPC solo contribuirá a complicar más las cosas, pero sospecho que es lo que va a ocurrir inmediatamente, sobre todo ante la ausencia de explicaciones razonables y de advertencias sobre los riesgos de una pérdida de competitividad y productividad.

En resumen que el año económico no puede empezar peor. Esperemos que el paro de diciembre no nos amargue el martes, como el IPC lo hizo con el lunes.

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