La Vicepresidenta, garbanzo contador

Aunque no se nota en los titulares, ni en los análisis, esta ha sido una semana con protagonismo presupuestario, y con un balance tranquilizador para el gobierno, y especialmente para su vicepresidenta de cuentas. La señora Salgado no es motivadora, tampoco es pedagógica, ni ánima a apuntarse a su club de fiestas; pero para administrar la caja acredita dotes poco comunes. Sin molestar, sin gestos arrogantes o autoritarios,  tiene a su raya a sus colegas de gabinete (y sobre todo al presidente) para evitar desequilibrios mayores de los previstos.

Los datos disponibles, los de once meses, transmiten credibilidad presupuestaria. Un Presupuesto por el que casi nadie daba un duro hace un año, medio año, se va ejecutar con precisión, con unos ingresos equivalentes a los previstos y, sobre todo, con un déficit quizá inferior a en unas décimas, al presupuestado. Las cuentas del estado central, las que son responsabilidad de la señora Salgado van mejor de lo esperado, aunque un déficit del 6% (previsible para el cierre) significa un desequilibrio insoportable que obliga a bailar al son que manden los acreedores, esos que llamamos mercados que permiten pagar las facturas de cada día.

Losa datos de la Seguridad Social responden a un patrón semejante, aunque se trata de cuentas  más previsibles ya que la incógnita reside en el número de cotizantes, que depende del nivel de actividad. El otro factor decisivo es el ajuste de pensiones a la inflación, que ha sido algo mayor del esperado, una vez que la inflación interanual de noviembre se ha ido al 2,3%.  Los Presupuestos contemplan un superávit de la Seguridad Social del 0,2% sobre PIB, y lo más probable, tras los ajustes de diciembre es que falte alguna décima.

La mayor incógnita reside en las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos, con fama de gastadores y de poco responsables en el cumplimiento presupuestario. Es un “san Benito” insuficientemente sustentado, las Comunidades Autónomas no son un modelo de austeridad pero sus cuentas no son las del Gran Capitán. Los datos de los tres primeros trimestres del año, conocidos en términos muy agregados, muy generales, dicen que los gastos no crecen (-4%), los ingresos decrecen (8%, en recaudación) y el déficit se ajusta a lo previsto: 2,4% sobre PIB a finales de año, con alguna comunidad desviada en gastos (Murcia y Castilla la Mancha, una de cada color)  y otras mejor gestionadas (Madrid y Navarra).

En resumen a estas alturas del año, pendientes del cierre de diciembre que siempre  es decisivo, la vicepresidenta puede comparecer ante Bruselas y ante los mercados con el argumento de que cumple sus compromisos, que es un buen “garbanzo contador”. Es problema es que solo ha hecho un tercio del camino, que el 2011 y el 2012 tiene que volver a repetir el mismo ajuste, más aun si la economía no se recupera, si los ingresos no cambian el sesgo bajista de los tres últimos años.

De momento la vicepresidenta merece crédito, con el cierre del año debe confirmarlo y con el cumplimiento del Presupuesto 2011, aprobado esta semana, tendrá aprobada su reválida. Eso sí, siempre que el gobierno aguante otros doce meses, y cumpla su compromiso.