Revolcón en Cataluña

Los electores catalanes se han comportado conforme a lo previsto, aunque con algunas variaciones que se pueden destacar. La primera es la participación, la temida debacle de una abstención superior al 50%, que no se ha producido. Casi un 60% de votantes han concurrido a las urnas, lo cual significa una movilización media para los usos catalanes; hubo tres elecciones autonómicas anteriores con menos participación.

Otra conclusión es que los avances de resultados difundidos nada más cerrar los colegios son basura, producen datos distantes de los reales y llevan a unos comentaristas apresurados y ligeros a conclusiones tan equivocadas como inútiles. Sirven de poco esos sondeos, aciertan en lo grueso, pero naufragan en el detalle, en esos últimos escaños que adjudica el sistema como restos. Es un error de bulto que aconseja para el futuro contener las ansiedades, esperar a que haya un porcentaje apreciable de votos escrutados.

Entre lo previsible está que el rotundo fracaso de los partidos del tripartito; han recibido un severo voto de castigo que se traduce en medio millón de votos menos en el acumulado de los tres partidos (perdida de 17 puntos) y 22 escaños menos. Este es un dato relevante, mucho más que el relativo éxito del PP, que es matizable, menos de lo que aparenta. El PP tenía mucho a su favor, poco desgaste propio y derrumbe de sus adversarios. Pues con mucho a favor solo ha conseguido 40.000 votos más, menos de dos puntos ganados, que se traducen en 4 escaños adicionales, que son importantes, pero también irrelevantes. Con 18 escaños el valor parlamentario del PP en Cataluña es el mismo que con cuatro menos. Alicia Sánchez Camacho tiene razón, sin embargo, al decir que es uno de los mejores resultados del PP.

Para CiU el resultado es muy gratificante, el que buscaba; una mayoría suficiente que obligará a gobernar con prudencia, a no imponer el programa máximo y a estar muy atentos al gobierno de Madrid, con el que habrá que negociar en estos tiempos de turbulencias. Artur Mas será el nuevo Presidente con un gobierno homogéneo y, previsiblemente, abierto a personalidades con carácter, con curriculum, para ganar credibilidad y superar la crisis económica.

Esquerra Republicana es el partido que más ha perdido, más aun que los socialistas. Ambos partidos pagan las facturas acumuladas a lo largo de los últimos siete años con dos gobiernos tripartitos sucesivos, que concluyen en rotundo fracaso. El PSC se queda sin su secretario general y candidato, el burócrata Montilla que les ha llevado al desastre: fue el inventor del tripartito, como atajo para llegar a la presidencia y ahora se despide del poder con el peor resultado de su partido.

La entrada en el Parlamento, aunque sin grupo parlamentario, de Laporta entra en el capítulo de lo extravagante; va a dar titulares y espectáculo; demuestra que la notoriedad ayuda en política, alentará otras aventuras semejantes y acredita que el fútbol sirve para los solares y para los votos.

Los resultados de anoche sorprenden poco en lo grueso, en el surco grueso de la política, abren una etapa nueva en la política española y en el juego de alianzas parlamentarias de Madrid de los próximos meses. CiU vuelve a obtener un papel central en la política nacional y los socialistas catalanes tendrán que entrar en fase de reflexión con algo más de madurez de la acreditada durante estos años.

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