El tigre domado y la disciplina alemana

El rescate de Irlanda, impuesto por Alemania, pasa porque el tigre celta entre en disciplina, corrija los excesos y asuma que no pueden aspirar a lo que disfrutan. El primer ministro irlandés expuso a sus paisanos la factura: menos salarios, menos empleo público, menos subsidios, menos pensiones, menos salario mínimo, más impuestos… en resumen menos de todo, malas noticias para unos ciudadanos que tropiezan con una realidad que no esperaban.

Las medidas que desgranó el primer ministro, probablemente la persona menos querida por los irlandeses en estos momentos, tienen que concretarse en varias leyes y, concretamente, en el Presupuesto para el 2011 que el gobierno irlandés quiere aprobar en diciembre para inmediatamente convocar elecciones que se celebrarán en febrero.

No está claro que el gobierno consiga aprobar ese Presupuesto lleno de malas noticias, no es probable que la mayoría entienda que hay pocas alternativas a la presentada por tan antipático primer ministro. La otra opción es renunciar al rescate, salirse del euro, asumir la quiebra del sistema bancario, renunciar al crédito de los mercados y asumir el empobrecimiento generalizado de los depositantes-ahorradores y del conjunto del país. Puede haber más caminos intermedios pero giran en torno a una u otra opción, ambas poco estimulantes.

El caso irlandés va a ser mucho más ilustrativo que el griego; éste fue el aperitivo de esta crisis de confianza y de deuda, pero Grecia no había sido ejemplo de nada en estos últimos tiempos. Irlanda ha sido ejemplo, ha sido el “tigre celta“, el ejemplo a imitar por competitividad, por bajos impuestos y libre iniciativa privada. La realidad ha roto el espejo: bajos impuestos tienen como exigencia bajo gasto público, pero esa segunda parte de la ecuación no estaba en los planes del “tigre”. Libre iniciativa no quiere decir imbricación de intereses entre burbuja inmobiliaria y desprecio al riesgo financiero.

El caso irlandés ilustra a los demás naciones que necesitan financiar sus gastos, a las que muestran mayores desequilibrios fiscales. Portugal y España son los siguientes casos sometidos a examen y escrutinio. Se impone la disciplina alemana, moral protestante de gasto moderado, exportación, equilibrio presupuestario y moneda sólida. Eso es lo que se lleva a este lado y quien no se ponga en esa fila se quedará sin financiación.

La pregunta que hay que hacerse en España es sencilla: ¿estamos en la fila de los de la disciplina alemana?, porque si no estamos hay que saber que nos vamos a quedar sin financiadores externos, lo cual obliga a otras alternativas. El Presupuesto 2011 que el Gobierno tramita en el Parlamento y para el que ya cuenta con votos suficientes valía hace dos semanas pero no está tan claro que sirva ahora.

Aparecen incertidumbres sobrevenidas que arruinan la tesis de que España había superado la crisis financiera. La primera está en los déficit efectivos de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, ¿hay información suficiente y seguimiento diligente de la ejecución presupuestaria de esa parte del Estado?

Si el Gobierno piensa que ya ha hecho los deberes, que las medidas adoptadas y comprometidas son suficientes, sospecho que nos va a ir mal y que perderemos la confianza de los acreedores. Se lleva la disciplina alemana y asumirla requiere más entrenamiento, adelgazamiento inmediato de los gastos.

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