Zapatero reta a Rajoy: “Si eres fuerte… pacta”

La pareja Zapatero-Rajoy se corresponde con la actual sociedad española, postmoderna, materialista, ligera, banal, acomodaticia y en declive. Son dos tipos de vida fácil, que ni han pagado una nómina, ni han devuelto una letra, ni han tenido la menor dificultad para vivir desde que nacieron. Seguros de la cuna a la tumba, como reza el lema del estado del bienestar.

Desde adultos han vivido del Estado, de los sueldos de la política o del arancel de la fe pública. Así que sufren sin sufrir la crisis, a distancia, con cinturón y tirantes, con garantía de que no les van a dejar a la intemperie. Probablemente es por eso que convencen tan poco a los ciudadanos y sacan notas tan malas en las encuestas; algo que no es óbice para que el uno gobierne ahora, y el otro gobierne más adelante.

Se parecen más de lo que aparentan, son almas gemelas en muchos momentos y situaciones, aunque aparenten una gran distancia, muy distinto “talante” e incluso antipatía. Zapatero es más largo y sutil que Rajoy, le ha toreado más tiempo y le ha ganado dos veces, dato que le restriega a la menor oportunidad.

Ahora que la ventaja teórica la lleva Rajoy (eso dicen todas las encuestas), Zapatero no pierde oportunidad de incitar al provocar al rival. En la larguísima entrevista publicada el domingo en El País, Zapatero reta al otro cuando dice: “Estoy convencido de que Rajoy sabe que hay que reformar el sistema de pensiones. Si se sintiera fuerte lo haría”. No está mal el navajazo.

Sospecho que Rajoy no va a caer en la treta, no va a modificar su estrategia de dejar que maduren las uvas, incluso aunque alguna se deteriore y se pierda; pero la provocación es audaz y sutil. Zapatero reitera que el PP no ayuda, que aplica aquello de que cuanto peor… mejor, y tiene argumentos para sostenerlo.

Y sospecho que aunque las encuestas le dan a Rajoy ganador seguro y a pesar de que la corriente está a favor de castigar al Gobierno y primar a la oposición, el jefe del PP no las tiene todas consigo y no va a asumir ningún riesgo, ningún compromiso que debilite si posición electoral, incluso aunque pudiera ayudarle a gobernar más tarde.

Al Gobierno ni agua, ni socorro… que se agoten, que se pudran, aunque eso perjudique al conjunto del país; es el coste de la victoria, a la que la oposición supedita todo lo demás. Zapatero se ofreció al PP (a Aznar) cuando estaba en la oposición porque se sentía débil, provisional, un líder de paso (decían entonces), pero se quedó con el santo y la limosna. El PP calificó a Zapatero de poca cosa, de presidente provisional, para luego colocarle en la diana como causante de todos los males, pretenden que su desaparición resuelve los problemas. Y ni atinaban entonces, ni atinan ahora; ni era tan inane, ni es tan culpable. Todo es más prosaico, más enmarañado y más complicado.

Claro que si Rajoy se sintiera fuerte podría empezar a pactar, a mandar, a influir… y quizá a garantizar su triunfo con argumentos, convenciendo. Pero sus asesores le dicen que los experimentos con gaseosa.

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