Desmentidos y periodismo asertivo

Diarios serios del País Vasco informan de la existencia de recientes reuniones entre dirigentes socialistas vascos y portavoces batasuno-etarras y se arma una buena, tal y como era previsible. Inmediatamente se produjo un desmentido formal, rotundo, de los socialistas y algunas aclaraciones sobre quién se había reunido con quién. Pero no ha quedado acreditado si hubo reunión o no la hubo, si quienes se reunieron fueron los que habían publicado los diarios. Y en la confusión casi todo vale, cada cual hace la composición que más conviene a sus intereses de parte. Y así vamos.

Otro diario serio, EL PAIS, publica que el ministro de Exteriores marroquí informó días atrás a su colega española de las operaciones policiales-militares contra los asentamientos saharauis en El Aaiún y el dato entra en la agenda informativa de todos los altavoces matutinos. El ministerio desmiente la información horas más tarde. ¿Quién dice la verdad? ¿No convendría dar algún paso adelante para acreditar fuentes y verificar los hechos?

El respeto a los hechos, la verificación, mostrar las fuentes de forma suficiente para construir reputación y gozar de credibilidad no es un punto fuerte en estos tiempos. Se lleva más un periodismo asertivo verosímil, que puede ser cierto, que incluso es creíble, pero que quizá sí, o puede que no; pero en cualquier caso sirve para el discurso habitual de cada parte.

La simpatía española con los saharauis depende de la posición relativa de cada partido: si ocupan el poder, si están en el gobierno, la actitud es promarroquí por razones de la realpolitik, que deja de lado la ética y los principios; mientras que desde la oposición todo lo que sirva para dar leña al Gobierno…parece bueno para el convento.

Y no pasa nada. Si el Gobierno miente (que no es improbable), si los desmentidos no son fundados, tendría que pasar algo, habría que sacar los colores a los mentirosos y enfrentarles a su malos actos. Pero si no es posible acreditar lo que los diarios publican el problema es de los periodistas, de los que firman y de sus jefes.

Pero no pasa nada, cada cual arrima el ascua a su sardina e intenta sacar petróleo de cualquier pozo real o virtual. La polémica armada por las torrenciales declaraciones de Felipe González a Juan José Millás, se inscriben en esa misma lógica de más leña a la hoguera, y un poco de gasolina por si se apaga. Y el lendakari Patxi López irrumpió anoche entre la nube de micrófonos que acosaban a Jesús Eguiguren en un acto de homenaje a las víctimas del terrorismo en Andoain (que tiene valor singular por la plaza y su contexto, por su carácter de territorio batasuno) para reclamar un respeto al acto en curso. Los periodistas tienen derecho a preguntar, al margen del contexto y de la liturgia, pero la reclamación del lendakari también es legítima.

Está en juego la credibilidad de unos y de otros, y a la vista de los hechos lo razonable es dudar, de unos y de otros. Al fondo, los terroristas sonríen, cuanto más peleen sus adversarios, más oxígeno les queda a ellos y a quienes les sostienen. Mal rollo.

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