Poderoso Rubalcaba, como otros vicepresidentes

La escalada de Alfredo Pérez Rubalcaba a la vicepresidencia primera con despacho en La Moncloa y facultades de coordinación de todo el gabinete parece suponer una novedad, una especie de presidencia bis que oscurece al titular. En realidad todos los presidentes han tenido un bis poderoso y con amplísimas facultades, que siempre actuó como fusible del número 1, al que parecían sustituir. Rubalcaba no tiene más poder, en principio, del que tuvieron Fernando Abril (con Suárez), Alfonso Guerra (con González) e incluso, durante algún tiempo, Álvarez Cascos con Aznar.

¿Por qué se ha dado tanta importancia al ascenso de Rubalcaba? Quizá porque se le atribuye más capacidad de maniobra que al propio presidente, o porque se le otorgan posibilidades de relevo ante la evidente debilidad de Zapatero, que incluso saca peores notas que Rajoy en las últimas encuestas y se acerca a un 3,5 que significa suspenso sin paliativos.

Fernando Abril fue decisivo durante la etapa central de Suárez, tres años (1978/81) que fueron claves para armar y desplegar la Constitución. A los siete padres constituyentes hay que añadir, en justicia, dos parteros determinantes: Abril y Guerra, que negociaron discretamente partes sustanciales del texto constitucional y desbloquearon los cuellos de botella en los que se atascaron los constituyentes. El poder efectivo de Abril en materias económicas, parlamentarias y políticas, fue decisivo. Rubalcaba puede que alcance cotas similares, pero está por ver.

El caso de Guerra durante las dos primeras legislaturas de mayoría absoluta fue semejante al de Abril, con el que entendía demasiado bien. Guerra tuvo siempre una barrera en los asuntos económicos, especialmente durante la etapa Boyer, pero obligado a elegir, Felipe González eligió a su vicepresidente e incluso en un momento dijo: “Dos por uno, si van por el vicepresidente, tendrán que cazar también al presidente”. Finalmente cazaron al vicepresidente, del que se cansó el número uno, por acumulación de razones y sentimientos.

El caso de Cascos tiene matices por la personalidad de Aznar, desconfiado como pocos y celoso del poder efectivo como ninguno. Zapatero se le parece aunque con formas más amables, con más disimulo. María Teresa Fernández de la Vega ha servido a Zapatero con una lealtad y una entrega sin precedentes ni parecido. En ningún momento ha ocupado el espacio del poder decisivo en la política o la economía, reservado siempre al propio presidente que es quien ha tomado todas las decisiones e incluso ha tenido casi todas las ocurrencias durante estos seis últimos años.

La personalidad de Rubalcaba es interesante, no se parece a ninguno de los anteriores y llega al cargo y a la función con una experiencia, una información y unas habilidades que no tuvieron ninguno de sus predecesores. Además cuenta con la simpatía y cercanía de la vicepresidenta económica, de quien fue valedor en su día. Pero está sometido a su jefe, que ha acreditado que administra con poca generosidad la cesión del poder. Apreciar el poder efectivo del nuevo vicepresidente primero requiere tiempo y hechos concretos.

De momento lo evidente es que el Gobierno ha cobrado nueva vida, otra vida y otro horizonte, peor el autor del liberto y el director de orquesta sigue siendo el de León.

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