La crisis de Rubalcaba y Marcelino

Que Zapatero es un buen táctico está fuera de toda duda, como lo está que es un buen estratega. Desde la táctica (y la fortuna que razonó Maquiavelo) obtuvo, sin apenas compromisos, la secretaría general de su partido el año 2000 y la presidencia del Gobierno el 2004. Y sigue, con más poder que sus predecesores, aunque con un desgaste más que evidente, menor del que quisieran sus adversarios, pero mayor que el que cree merecer. Es persona de alta autoestima.

Ahora le toca asumir la mayor crisis económica desde los años treinta, que ni intuyó ni valoró. Lleva dos gobiernos en minoría que ha sustentado a base de alianzas de geometría y aritmética variable. Como profesional del malabar y del equilibrismo se ha ido sustentando con pactos con la izquierda y los nacionalistas a medida de las recíprocas conveniencias y oportunidades. Así conseguirá acabar su segunda legislatura y decidir, en su momento, si aspira a una una tercera.

Desde antes del verano diseñó la táctica que ha rematado esta mañana: primero construir una mayoría suficiente para pasar los presupuestos. Segundo construir unos pactos de legislatura para estos 18 meses que faltan. Y tercero renovar el Gobierno para hacer frente al desgaste.

Desde junio ha cortejado al PNV, única alternativa viable en estas fechas para completar la mayoría parlamentaria, que ha redondeado con el grupo canario y, quizá el navarro. Esta semana escenificó los acuerdos, con aparente desgaste personal pero con el resultado que pretendía. A la postre sus adversarios del PP han quedado apeados del Gobierno canario, auque traten de vestir el fracaso de ejercicio de coherencia. Puede que el mes de octubre concluya con mayor desgaste para el PP y Rajoy que para Zapatero.

El remate final, la coda de la operación “mantener el poder y recuperar posiciones” ha sido el cambio de Gobierno, más profundo de lo esperado y en la línea de lo exigido por la oposición. Dos ministerios menos y tres asientos menos en el consejo. Y además relevo en el nº 3 del partido, en la secretaría de organización, decisiva para la fase electoral.

Esta es la crisis de Rubalcaba y Marcelino, dos pesos pesados del socialismo que toman posiciones dominantes (y de mucho desgaste) en el Gobierno y en el partido para la fase electoral que ya está abierta en canal. Rubalcaba será la voz, la mente y el rostro del Gobierno; sustituye a una desgatada de la Vega que daba síntomas de agotamiento desde hace muchos meses. El ministro del Interior (que pronto será el más veterano de la democracia, el que más años ha ocupado asiento en el consejo), que aparentaba fatiga y trasladaba la impresión de que se iba, asume ahora una posición dominante y una buena papeleta como posible sucesor.

Y la aparición de Marcelino Iglesias en la sala de máquinas del partido refuerza el otro polo de poder con un personaje que sabe lo que es ganar y lo que es pactar con otros grupos. El Gobierno empezó el curso bajo mínimos, y acaba octubre con garantía de estabilidad, el Presupuesto encarrilado y una cierta renovación para recuperar la respiración. Les queda asimilar la inminente derrota en Cataluña, pero han levantado un Gobierno remodelado que pone de relieve la capacidad de Zapatero para desgastar ministros: de los que empezaron el camino en mayo del 2004 solo queda en el gabinete Elena Salgado, que ha pasado por tres carteras. El eje Rubalcaba-Blanco-Salgado, domina el Gobierno aunque tendrán que contar con Marcelino Iglesias, que puede ser un peso pesado.

El PP puede seguir dejando que maduren las uvas hasta que caigan, pero eso también implica algunos riesgos, puede que sea arroz, en vez de uvas, y que se pase.

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