El leninismo recupera vigencia

Lenin ocupa un capítulo relevante en los manuales de acción colectiva y de agitación social. Parecía que su teoría de la capacidad de movilización para trasformar y subvertir la realidad mediante una minoría decidida formaba parte del pasado. Pues no. Incluso en democracias avanzadas que en teoría disfrutan de mecanismos internos de equilibrio y contrapoder, una minoría decidida puede poner patas arriba la situación y generar una situación de inestabilidad y debilidad.

Está ocurriendo en Francia con las movilizaciones de sindicatos y estudiantes contra la reforma de las pensiones. En el fondo son movilizaciones contra la realidad y contra el gobierno que utilizan las pensiones como excusa. Han encontrado un punto débil: el sistema de abastecimiento de carburantes, que puede paralizar aeropuertos y vehículos. Y sin trasporte, como sin energía, cualquier sociedad industrial y postindustrial se paraliza.

A los sindicalistas franceses de la vieja escuela, que han tenido pocos éxitos en los últimos tiempos, se les hacen ahora los dedos huéspedes pensando que son capaces de parar Francia y que así doblegarán al gobierno que paralizará las reformas. Es una lucha de poder entre gobierno y sindicatos. Estos no tienen mucho que ofrecer, no tratan de ocupar el poder y utilizarlo (eso fue Lenin), les basta con imponer una parte de la agenda, dar la apariencia de que influyen y que hay que contar con ellos, y trasladar al gobierno la responsabilidad de los problemas y las soluciones. Este neo-leninismo de salón quiere dejar las cosas como están, las pensiones y el sistema de bienestar, sin entrar en más detalles.

Desde el otro lado del charco los conservadores radicales también toman lecciones de la vieja izquierda, del leninismo de las minorías activas. Los del “tea party” son capaces de canalizar malestar, protestas para que nada cambie, para que vuelva el viejo orden. Es agitación de minorías, ideología y populismo, pero ocupan todo el escenario y los medios, incluidos los pretendidos progresistas y de izquierdas, sucumben ante los mensajes conservadores y les convierten en amenaza irresistible. Obama aparece como la víctima, el derrotado. ¡Sólo tiene el 45% de seguimiento y valoración! Es el político más valorado, pero aparece como juguete roto, porque la dura realidad le ha desgastado.

Estas minorías a la contra, muy ruidosas, muy televisivas, se hacen con la agenda y dominan la escena. Como hicieron los nacionalistas serbios radicales y violentos en un partido de fútbol en Génova. Pueden sacar de la competición a su selección, pueden incluso retrasar el ingreso en la Unión Europea, pero son solo minorías descontroladas, incontroladas, que imponen su dictado a los demás, a la mayoría, a gritos y golpes.

Cuando se ha caído el comunismo los manuales leninistas resucitan en otras manos. Aunque bien puede ocurrir que en Francia el gobierno resista la presión de la calle y los sindicatos salgan trasquilados, con menos poder y representación del que mantenían. Y que en Estados Unidos los republicanos acaben más divididos y debilitados que antes. Esto del leninismo es un artefacto ruidoso, aparatoso, pero de inciertos resultados.

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