¡Zapatero dimisión!… ¡váyase Sr. González!

Los eslóganes apasionan a los políticos, tanto como los titulares a los periodistas; pero conviene no dejarse llevar por la música de los cabellitos e imaginar que es feria. La dimisión de Zapatero o su relevo ha entrado en la agenda de los medios, cualquier artículo, por especulativo que sea, tiene cabida en la escaleta si especula sobre el cambio de cartel socialista. Pertenece a ese género del periodismo prospectivo al que el director del “New Yorker” atribuía hace unos días el carácter de periodismo menor. De manera que asumo que este será un artículo menor.

Para la oposición la pretensión de que el primer gobierno de Zapatero era provisional y duraría poco, le sirvió de argumento durante varios años para sentar las bases de lo contrario. El gobierno duró toda la legislatura y revalidó cuatro años después. Ya en esta legislatura el eslogan de que el Gobierno está acabado y debe irse, forma parte del guión, incluso fue eje del discurso de Rajoy para el último debate sobre el estado de la nación. Las dos últimas legislaturas de González también estuvieron sometidas a semejante derrotero. El “váyase Sr. González” se convirtió en eslogan y se utilizó hasta la náusea.

No es algo nuevo, a Suárez le pasó algo semejante, especialmente entre los suyos que convirtieron el tiro al presidente en diversión cotidiana. No ocurrió con Aznar (aunque sus dos últimos años fueron basura) porque se había autoexcluido con su promesa cumplida de no concurrir al tercer mandato. No concurrió, pero dejó a su sucesor, designado por dedazo, demasiado débil, incapacidad para resistir un vendaval como el del terrible atentado del 11M.

Ahora las encuestas dejan al Gobierno en cueros, la pérdida de más de doce puntos de intención de voto, colocan al presidente y a su partido en situación de extrema debilidad. Pero quienes se esmeran con el relevo de Zapatero suelen ser los que carecen de vela en el funeral. Zapatero se irá por propia voluntad o por votación en el seno de su partido; no parece probable que lo segundo vaya a ocurrir, y respecto a lo primero tampoco es probable antes de las elecciones autonómicas y municipales.

El relevo del presidente es un ejercicio divertido, puede parecer que debilita su imagen (¿más aún?) y que arrincona a los socialistas. Puede que así sea, pero también puede producir el resultado contrario. El debate está engordado, es artificioso, forma parte del folklore político y del ruido intrascendente. Los socialistas van a sufrir una sonora derrota en Cataluña que tratarán de endosar a Zapatero, aunque tiene otros protagonistas principales.

Con lo que está padeciendo la sociedad española y lo urgente de avanzar en reformas de calado, centrar ahora el debate en que se vaya el presidente es cuando menos ingenuo y quizá extravagante. A González tardaron años en despedirle y a Zapatero de tanto empujón pueden apuntalarle, por aquello de que si no quieres… dos tazas.

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