Los chinos no van a revaluar

Parece como que nos hemos enterado hace un rato de que tenemos un problema cambiario, que los chinos mantienen baja su moneda para seguir exportando. La salida de la crisis se demora, no estamos en recesión pero andamos cerca, la economía española muy cerca, la europea cerca y la norteamericana y japonesa próximas. A la hora de las explicaciones la desequilibrada relación cambiaria con China figura entre las más socorridas. Y además tiene audiencia. Es una de esas explicaciones que relaja a los protagonistas, el problema es externo… y por tanto tienen que arreglarlo ellos.

La presión del gobierno norteamericano sobre China para revaluar el yuan ha sido constante; e inútil. La administración Bush presionó tanto como pudo y la de Obama lo ha hecho con más insistencia, incluso con un secretario del Tesoro que conoce bien Asia, que ha vivido allí, incluso chapurrea el mandarín. Pero no le ha servido. Los chinos, en vísperas de la última cumbre del G-20 pestañearon y aceptaron que su moneda era demasiado fuerte que ajustarían progresivamente. Efectivamente, aflojaron unos centavos irrelevantes.

Además los chinos andan diligentes invirtiendo sus excedentes de balanza comercial en deuda pública de este lado y en cuantos activos interesantes en Europa, África y América, activos que tienen que ver con obtener materias primas y tecnología. Y no están dispuestos a devaluar su moneda y lo explican con franqueza: pondrían en peligro el empleo con la consiguiente amenaza a la estabilidad social.

Así que no van a devaluar y no van a dejar que su moneda refleje la relación real de intercambios comerciales. Al igual que no van a admitir limitaciones en sus emisiones con el argumento de que son los últimos e en llegar a la industrialización y que no van a pagar por los vidrios que han roto los demás. De este lado cabe protestar, multiplicar los artículos críticos, recordar lo odioso que es el régimen chino que sofoca las libertades y persigue a los disidentes… pero eso no mueve las monedas. Cabe también ensayar medidas disuasorias de cuño proteccionista, muy del gusto de los congresistas norteamericanos. Pero eso sería pan para hoy y hambre para mañana. Todos los economistas con cabeza saben que volver a la senda proteccionista, volver a las andadas de los años treinta, sería un error grave, un disparate.

De manera que habrá que encontrar otro camino para corregir el desequilibrio comercial, hacer de la necesidad virtud, y como los chinos no van a torcer su brazo monetario, ni es posible imponerles la disciplina que quieren sus competidores, convendrá ir pensando en jugar de otra manera, quizá a su estilo. Pero para eso hace falta mucha pedagogía, mucho liderazgo político, porque en democracia no se puede imponer, hay que convencer.

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