El parto de las pensiones

Quizá algún día, incluso este año, una sólida mayoría parlamentaria, alcance un “pacto sobre pensiones”, aunque de momento solo podemos hablar del parto de las pensiones. Una de las materias más sensibles para la sociedad (la española y la de cualquier otro país) que hace saltar chispas a la menor insinuación.

Esta semana se ha reunido la comisión (informal) del Congreso sobre el pacto de Pensiones, para empezar a pespuntear una ley de reforma sobre cuya necesidad están todos de acuerdo, pero cuyo contenido está sometido a debate de milímetros. Los diputados que están en el ajo se conocen como si fueran familia, en frío y sin condicionantes políticos coyunturales y oportunistas están más de acuerdo que en desacuerdo. H tenido la oportunidad de escucharles y de moderar debates de todos ellos en varias ocasiones y comparten los supuestos, los condicionantes técnicos, las estimaciones demográficas y actuariales… pero a la hora de concretar y redactar se abre el abismo.

Se notó ayer cuando la diputada socialista apuntó que existe consenso para alargar el plazo de cálculo de las pensiones hasta los 20 años desde los 15 actuales (algo que se ha venido haciendo en fases sucesivas desde 1985), e inmediatamente se armó la marimorena, tanto que la propia diputada dio marcha atrás para lo arruinar la negociación minutos antes o después de empezar.

La ponencia evita de momento abordar los temas de fondo: ampliación de la fecha de referencia para ejercer el derecho de pensión (de 65 a 67 años) y período de cálculo de la base de cada pensión (pasar de 15 a 20 años). La ponencia entrará primero en asuntos más sencillos y propicios al acuerdo, por ejemplo un calendario más preciso para la ya pactada separación de fuentes que precise el origen de los fondos para pensiones asistenciales. Confirmará el mandato de la revalorización automática (que ya está en una ley) aunque puede quedar en suspenso en los presupuestos del 2011 que congelan las pensiones básicas para lograr una ahorro de 1.500 millones de euros en el paquete comprometido con la Unión Europea el pasado mes de mayo, cuando los acreedores amenazaron con no seguir financiando al Reino de España.

El gobierno tiene su propia hoja de ruta para esta reforma, no ha descubierto sus cartas, ni sus límites, se mueve como a tientas, dejando puertas y ventanas abiertas, ero pespunteando los límites y el alcance de la reforma. Y los grupos de la oposición tratan de no incurrir en errores, de no tener que pagar el coste de la reforma que, por lógica, corresponde al gobierno (el peso de la púrpura).

Los argumentos técnicos, los supuestos financieros, son conocidos, incluso bastante compartidos, pero a la hora de pagar la factura de esta ronda de reforma que toca ahora todos los grupos tratan de evitar el primer plano. Es el modelo de la política actual, de bajo vuelo, que ha llevado a los políticos del momento a las cotas más bajas de reputación de la historia reciente. Desde ahora hasta fin de año tantearán la reforma que ahora toca, que es inevitable y que requiere una liturgia y algunas emociones, incluso otra movilización sindical como la de la semana pasada. Empieza el parto que debe llevar a un pacto y que no tomará nueve meses.

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