Resistir es ganar, pero no siempre

El presidente de la CEOE está decidido a resistir hasta el último minuto, hasta que le hagan salir de un cargo no retribuido que puede producir más disgustos que alegrías, aunque supone también recompensas emocionales y de figuración. Gerardo Díaz Ferrán se reunió ayer con sus pares que le sostienen en el cargo y a los que ha dirigido con habilidad durante los últimos años a base de escuchar y adaptarse a las propuestas de los miembros de la junta. Su antecesor José María Cuevas solía llevar cocinadas las decisiones a la directiva, consensuaba las opiniones dominantes lo cual le otorgaba margen renegociación. Díaz Ferrán llega a las reuniones con posiciones abiertas que cierra en función de lo que escucha, una técnica le fortaleza dentro, pero le debilita fuera porque le hace poco previsible.

Díaz Ferrán llegó a la presidencia de la CEOE por voluntad de José María Cuevas, que optó por alguien de un perfil distinto al suyo, pero luego ganó unas elecciones ordinarias para ganar un mandato de cuatro años que vence el 2013. Pero a renglón seguido de su instalación en la cúpula patronal sus empresas se han ido desmoronando con estrépito y con muy mal ejemplo. La pretensión de que sus problemas le acercaban a la base empresarial que pasa por crecientes dificultades descarriló pronto ay que la suma de irregularidades y deficiencias le colocan en la lista de lo nada ejemplar.

En el seno de la CEOE ha dominado la estrategia de evitar conflictos, abrir la puerta para una salida poco polémica de un presidente desafortunado, pero la resistencia del protagonista ha forzado una mayor presión. El resultado de esa tensión se evidencia en la nota de 14 líneas pactada en la directiva de ayer que concluye con la convocatoria de elecciones anticipadas que se producirá dentro de quince días y con un acuerdo unánime de reconocimiento del trabajo de un presidente que en breve puede ser saliente. De manera que no hay dimisión, no hay moción de censura, no hay crítica oficial, sino un acuerdo con efectos retardados y muchas cautelas, para abrir un proceso sucesorio que llevará no menos de sesenta días, tiempo suficiente para pactar daños mitigados para todos.

La patronal seguirá hasta final de año en manos de Díaz Ferrán, crecientemente debilitado, que trata de salvar los muebles que pueda ante un desastre personal con pocos precedentes. En resumen otro proceso alejado de lo ejemplar que no contribuye nada a sembrar confianza como para salir de la crisis. Resistir no siempre es ganar.

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