Probablemente la última HG en muchos años

Los discursos y las declaraciones de los actores de la huelga general de ayer depriman más aun que los discursos de los políticos habituales. Los profesionales de los sindicatos trabajaron ayer con horario amplio (piquetes a primera hora y manifestación al acabar la tarde), los militantes con trabajo perdieron el jornal del día, pero muchos otros ciudadanos no sindicados fueron los grandes perdedores de la movilización. Muchos comerciantes perdieron el día cerrando y abriendo el negocio y protegiendo los escaparates, muchos autónomos y asalariados se quedaron sin trabajar contra su voluntad, en resumen una huelga con perdedores tan forzosos como inocentes.

Los sindicatos no ganaron la huelga, impusieron una fuerza evidente, en ocasiones consentida, pero que les impone un coste de imagen difícil de estimar pero que viene reflejando en las encuestas en términos de reputación. Si alguna encuesta mide ahora la credibilidad de estos sindicatos de la huelga el suspenso está seguro, más aun que el los partidos políticos y sus dirigentes.

El secretario general de CCOO definió con precisión lo que era esta huelga. “una gran putada”, lo es también para el sindicalismo. El espectáculo de piquetes y el tono de los mítines les aproxima a los piqueteros argentinos pero no al sindicalismo profesional de cualquier democracia avanzada. Los dirigentes sindicales bendecían en los mítines a los “piquetes de la libertad”. Hace falta tener cara dura y desvergüenza para pretender que los piquetes sostienen o defienden la libertad.

La huelga ha tenido seguimiento, los sindicatos tienen bases, pero la movilización no tendrá consecuencias, en esta ocasión el gobierno no se va a mover, no puede moverse porque con estos sindicatos no va a ningún sitio. En pocos días se pondrá sobre la mesa la reforma de las pensiones, y si los sindicatos se creen lo que han proclamado estos días, tendrían que volver a movilizarse, a convocar otra huelga general, volver a pasear los piquetes y esos eslóganes falaces, trasnochados e inútiles que han exhibido esta semana.

Los sindicatos han tardado diez años en protagonizar la 7ª huelga general tras la muerte de Franco, no es probable que reincidan; este tipo de actos de presión no es ni noble, ni inteligente, ni eficaz. Anoche el discurso de Cándido Méndez era una prueba palpable de agotamiento, palabrería y ausencia de sustancia y de proyecto. ¿Cuántos simpatizantes perdieron ayer los sindicatos? Sospecho que cientos de miles.

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