Cebrián propone salir de la crispación

No se libró Juan Luís Cebrián de responder a preguntas sobre el papel social de Belén Esteban en la España actual, para regocijo de sus socios de Tele5, que acumulan fertilizante que sustente a su heroína de la temporada. El de Prisa respondió cauteloso, pero respondió, como para que dispongan de “totales” que den para rellenar media hora de televisión con comentarios variopintos sustentados en “pues ya que… ”. Pero no fue eso lo más interesante del desayuno del Ritz que llenó el salón principal con ausencia de miembros de Gobierno (Bono y Zarrías, no dan cuota) y de la oposición (nadie, ni nacional, ni local). Bien está que editores y periodistas comparezcan con ausencia de políticos en ejercicio. Son dos familias que se necesitan pero a las que conviene distancia.

El Cebrián, que inauguró los desayunos de esta temporada, fue el más humilde Cebrián de los últimos tiempos: realista, respetuoso, centrado en lo suyo y proponiendo nuevas ilusiones para la sociedad española que ve más deprimida que cabreada. Habló sobre todo de su casa, de PRISA y de su futuro, cuando supere el agobio de una deuda contraída en el peor momento. Solo se puede salir del problema con ventas de activos y con más recursos propios frescos. En ello están los de PRISA desde hace años, esa es la tarea de Cebrián en estos momentos, cuyo desenlace es incierto.

Aunque algunos han querido interpretar en sus palabras distancia respecto a los Polanco (allí presentes), lo que Cebrián explicó es que pretenden superar la crisis de deuda sin sustituir el grupo accionarial de referencia, para el que buscan un status similar al de otros grupos de comunicación cotizados en bolsa. El proyecto está claro, pero su resultado final es incierto. Dos de las piezas básicas: los nuevos accionistas que vienen con Liberty (y con 600 millones de euros) y la venta de Cuatro a Tele5 con la consiguiente reconfiguración de Sogecable, que significa algo más de la mitad de Prisa y la mayor parte del problema.

Ambas operaciones están en el telar de los trámites administrativos y financieros y del visto bueno de los reguladores. Y ambas operaciones significan un cambio profundo en la estructura y naturaleza de un grupo que dice querer ser “GLOBAL” (caben múltiples explicaciones) y que quiere ser líder en el mercado del español.

Lo más relevante de la intervención de Cebrián fue el tono, más moderado que nunca, más integrador que nunca, más prudente e inquieto que nunca, con más preguntas y problemas que respuestas decididas. Pero también con la aparente seguridad de saber lo que hacen y lo que quieren. Advirtió que a la crisis le faltan cinco o diez años, que puede que no empeoren las cosas, pero que la mejora irá despacio. Reconoció que el problema del Grupo está en el balance (deuda), pero en los resultados, porque todas las empresas del grupo (dijo) ganan dinero y son viables por sí mismas. Y tono bajo, severo, preocupado al referirse a la política y los políticos, a los que llamó a abandonar la crispación por interés de todos.

La intervención de Cebrián coincide con una tercera de ABC, firmada por Darío Valcárcel, dedicada a Carlos Mendo, que deja testimonio de primera mano sobre el origen de EL PAIS y sus primeros pasos, con una visión más coral, más precisa, de la habitual en la casa que otorga el papel fundacional a la familia Polanco y afines. Jesús Polanco fue decisivo, determinante en El País y en Prisa, pero como bien precisa Valcárcel, allí hubo más actores con papel importante. Olvidarlo es innecesario pecado de soberbia.

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