Un Gobierno a lo Pancho Villa

Hay pocas dudas sobre la concentración de poder en torno a Rodríguez Zapatero, en su partido y en el gobierno. Hasta los más viejos socialistas se sorprenden de cómo este hombre de las cejas, de sonrisa desconcertante y aparentemente frágil, ha concentrado el poder en su persona y ha silenciado a los críticos, empujados a la periferia más alejada y amparados sólo por la amabilidad de los adversarios. Y con el gobierno ocurre algo parecido, el presidente propone y decide, se impone a los ministros cuando le peta y asume todas las políticas: la exterior y la económica, la social y las de defensa o interior. Y los ministros aguantan.

Mandar en casa suele ser recomendable para alcanzar objetivos tangibles; Aznar recomendaba a los jefes de partido (lo hizo con Zapatero cuando le recibió como jefe de la oposición en verano del 2000) mandar, evitar disidencias y vacilaciones. Y Zapatero manda, aunque mandar no debe ser un objetivo en sí mismo, más bien un procedimiento para un fin, para mantener el poder, para sumar votos, para lograr afecto o para ganar unas líneas favorables en la historia.

Pues bien Zapatero manda pero no está claro el resultado, porque afecto no acumula ni entre los suyos; la historia puede serle hostil, y el poder no parece que vaya a mantenerlo. Manda en el Gobierno pero no evita la confusión; este gobierno parece el ejército de Pancho Villa.

Por ejemplo, la ubicación del almacén de residuos nucleares, un asunto delicado que requiere autoridad, oportunidad e ideas claras, se les ha ido de las manos por falta de coordinación, de criterio y de estrategia. Y ¿qué decir de la política económica?, pues que hasta lo que está bien parece mal. No hay pedagogía, no hay doctrina, no hay explicaciones. Las iniciativas se filtran a modo de globo sonda, luego se corrigen, unas se aplazan, otras se marean y casi todas cursan con confusión.

Hay ahora dos temas concretos, de esos que dejan huella: la tarifa eléctrica, controlada por el gobierno y que afecta a todas las familias, y que nadie explica con argumentos como para convencer un poco. O ese tramo adicional en el IRPF para las llamadas rentas altas, ¿no merecería unos datos contrastados, una simulación correcta de sus efectos? Dejan que los números les hagan otros y todo acaba en esa confusión que hace sospechosa cualquier iniciativa.

En el Gobierno no hay disidencias aparentes, no hay cruce de criterios o posiciones, más bien confusión, desconcierto, deberes mal hechos, en resumen déficit de proyecto y muy malos procedimientos. Así les va, así nos va.

fgu@apmadrid.es