La Francia conservadora y resistente

En pocos meses los sindicatos franceses han exhibido fuerza en la calle en cuatro ocasiones, huelgas generales de baja intensidad que tratan de mostrar poder, capacidad de convocatoria. En todos los casos como ejercicio de resistencia frente a medidas políticas que incorporan ajustes en las políticas sociales. La manifestación del martes, aparentemente exitosa ya que sacó a la calle a más de un millón de franceses, trata de frenar el ajuste del sistema de pensiones que ha empezado a debatir el parlamento francés.

Sarkozy llegó a la presidencia y construyó una sobrada mayoría con el compromiso de agitar Francia, de hacer despertar una nación rica pero conformada. Con el mandato avanzado el activo presidente no ha despertado casi nada, la misma Francia con su modorra reciente y su centenaria riqueza. No va a más, pero tampoco pierde posiciones en la media europea. Sigue siendo Francia, con su grandeza burguesa, con autoestima, pero con tropiezos y bandazos.

Las manifestaciones-huelgas que volverán a repetirse durante lo que queda de año no van a mover nada, no modificarán un ápice los objetivos del gobierno. Pero tampoco el gobierno arriesgará demasiado en las reformas, que parecen más ajustes para ir tirando que golpes de timón para ganar el futuro.

Durante los últimos 25 años la economía francesa ha crecido en torno al 25 anual acumulativo, unas décimas menos, por debajo de la medida del mundo y de la europea, y algo menos que Alemania, aunque de forma más regular. Francia se sostiene más del consumo interno que Alemania y vive menos de la exportación que Alemania, pero su evolución es semejante.

La economía francesa es una de las más estatalizadas del continente, desde luego mucho más que la británica, con posiciones fuertes en sectores clave, desde la moda al automóvil, lo energía nuclear, la aeronáutica o el equipo ferroviario. Son soportes de una economía avanzada, que goza de muy buena posición en el turismo y la agricultura. En resumen un país rico desde hace siglos, con una despensa colosal que permite sestear a varias generaciones.

Eso explica las resistencias al cambio que no vienen solo de los poderosos e influyentes sino también de una amplia base social que tiene la aspiración de que las cosas sigan como están, sin aventuras ni riesgos, con temor ante la posibilidad de que cualquier cambio siga para empeorar. Es decir conservadurismo como forma de existencia. Incluso con huelgas generales al servicio de conservar.

fgu@apmadrid.es