La política se mide por el empleo

El Presidente Obama ha perdido encanto para su electorado, los índices de aprobación están a la baja, menos del 50% tras el arranque espectacular de hace veinte meses, y amenazan el dominio demócrata en el Capitolio que es decisivo cuando se quiere imponer un programa reformista que requiere apoyo legislativo. Las elecciones de medio mandato pueden dejar al presidente embarrancado. No es una catástrofe decisiva, ya que otro tanto ocurrió a Reagan y a Clinton al cumplir su primer bienio y ello no fue óbice para un segundo mandato.

Obama ha hecho buenos sus compromisos con los electores pero sin convencer tan abrumadoramente como se le exigía, se esperaba más de su magia, de su capacidad de convencer incluso a los adversarios. Los republicanos no le han dado respiro, más allá de alguna ayuda personal para sacar adelante los proyectos decisivos: la reforma sanitaria y la reforma financiera. Además ha acabado con la orden de combate en Irak, mantiene sus compromisos en Afganistán y abre esta semana un turno de mediación con palestinos y judíos que, al menos, abre alguna posibilidad.

Pero la medida de Obama viene por la economía y se concreta en el empleo: los Estados Unidos están al borde de los dos dígitos de paro y una recuperación con tasas iniciales de crecimiento del PIB del 3% no devuelven crecimiento del empleo: a los americanos les hace falta recuperar los ocho millones de empleos perdidos con esta recesión y mientras eso no ocurra los gobernantes tendrán sus intenciones de voto prendidas con alfileres.

En España ocurre otro tanto, mientras la tasa de paro esté más cerca del 20% que del 10%, que es la media europea, las intenciones de voto serán hostiles para el gobernante de turno. Esta mañana conoceremos los datos de afiliación y de registro de paro de agosto. Los tres años anteriores fueron datos negativos: más paro y menos afiliación. Es previsible que este año ocurra otro tanto, más aun cuando los cuatro meses anteriores (de abril a julio) el paro bajó en 250.000 afectados y la afiliación creció en 275.000.

Zapatero reitera ahora que la reforma laboral es incuestionable y que tras la huelga general seguirá la misma estrategia sin acritud hacia los sindicatos. Para estos la defensa de políticas sociales y de las “conquistas” no tiene marcha atrás, lo cual goza de aceptación popular y buena prensa; pero no hay peor retroceso social que ese 20% de parados que amenaza con convertirse en crónico. Durante los primeros seis meses del año el coste del seguro de paro supera los 16.60 millones de euros, más del 40% del gasto en pensiones. ¿Es ese el mejor servicio a favor del trabajo y el empleo? De eso habría que discutir con más profundidad y detalle y con menos prejuicios. El paro da la medida del voto, el paro otorga el triunfo a la oposición, aunque no sea por méritos propios.

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