Los toros, ¡y cierra España!

Dicen que no es un debate de identidad, ni político, ni emocional… ¿pues qué es? Los grupos parlamentarios levantan la disciplina de partido y otorgan libertad a sus diputados para que prohíban los toros. Los diputados más nacionalistas prohíben los toros para mejorar la Cataluña del futuro, al menos eso dice Artur Mas, sin concretar en que consiste esa mejora. Montilla vota en contra de prohibir por amor a la libertad. Rajoy advierte que hará todo lo que esté en su mano para prohibir la prohibición y el debate nacional se vuelca en esta iniciativa tan irritante para algunos y tan saludable para otros.

Dicen que nunca se pidieron más acreditaciones de corresponsales extranjeros en el parlamento catalán. Parece que se trata de un acontecimiento binario del tipo Joselito o Belmonte, Manolete o Dominguín, toros si o toros no. Un dilema apasionante que alinea dos bandos irreconciliables, que asombran a quienes asisten al espectáculo. Lo promotores de la iniciativa se sienten los reyes del mambo, amos del universo y centro de atención del mundo. Uno de ellos dice que está escribiendo la historia, que esto es una tragedia.

Nos vale una pregunta torera: “¿Como llegamos a esto, maestro?…. Pues degenerando”. No importa quien lo dijo, ni cuando, pero sirve para la ocasión como anillo al dedo. El debate es artificioso y está lleno de trampas. Votaron contra los toros pero estaban votando contra el Constitucional, contra el Gobierno, contra los de fuera, contra los que se divierten y contra lo que no gusta a los partidarios de prohibir y de regular la libertad de los demás.

El debate de los toros y sus consecuencias enciende los espacios audiovisuales y las páginas de los diarios, mientras que el proyecto de ley de reforma del mercado laboral, trascendente para millones de personas, empleados y parados, pasa como de puntillas, sin que los medios den apenas espacio al debate y sin explicaciones. La prohibición de inexistentes burkas (¿alguien ha visto un burka en Galapagar?) o de las corridas en Cataluña (peor para ellos, ya que se lidiará en Aragón y en Valencia y en Francia) no son los debates serios del momento, no van más allá de ajustes de cuentas por otras razones y buenas excusas para llamar la atención. Mientras, se deja de lado lo que importa: el paro y la contratación, el crédito y el ahorro, las pensiones y el empleo. Pan y toros, circo y bocata, y mucha distracción (Belén se enfada con Ana Rosa y se va a los tribunales) para matar el tiempo y anular opciones para vivir y aspirar a ser libre. Como sigamos por este camino… habrá que irse de la feria y pedir al último que apague la luz.

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