El nuevo avatar de Zapatero

Ha sido el antiguo secretario general de Comisiones Obreras, José María Fidalgo, una de los primeros en darse cuenta de la profundidad de la crisis económica y de la levedad de Zapatero para afrontarla, el que advierte ahora del nuevo avatar de su paisano leonés, el presidente de Gobierno. Desde esa anoche insomne del 9 de mayo nació otro Zapatero, otro dirigente político con agenda renovada y con nuevos objetivos.

El Presidente se siente protagonista de la tercera gran reforma económica para poner a punto la sociedad española ante los desafíos del nuevo siglo. Así que Zapatero ha construido su relato y empieza a explicarlo, de hecho lo hizo en el reciente debate sobre el estado de la nación y no va a parar. No ha entrado en detalles sobre las reformas anteriores aunque por lo que apunta puede referirse, primero a la que trajeron los Pactos de la Moncloa (atribuible al consenso de la transición con Suárez como actor principal), y la segunda a la política socialista protagonizada por Felipe González desde la mayoría absoluta de 1982, con Miguel Boyer como autor del libreto inicial. A los ajustes de Aznar-Rato en 1996 no les otorga carácter como para merecer un capítulo en ese relato.

Lo que parece evidente es que desde mayo Zapatero ha cambiado de pista, de argumentos y de compañeros de viaje. Si hasta ese momento lo hizo con preferencia en la izquierda ahora ha puesto sus esperanzas en el centro nacionalista que es quien puede darle los votos que precisa.

Rajoy sigue en el mismo relato de siempre, este Zapatero y estos socialistas no valen un pimiento y se caerán solos. Así va desde 1996 y puede que se caigan, pero de viejos, por aburrimiento y no por el empujón de los populares.

Desde mayo a Zapatero le ha salido bien la recuperación de credibilidad en los mercados financieros, el Reino de España ha perdido entre uno y dos escalones en los rating, les tenía perdidos desde antes, pero ha conseguido cubrir con creces todas las emisiones de deuda con un soportable encarecimiento de las condiciones. Si las cosas siguen como hasta ahora el perfil de las condiciones de la deuda pública a fin de año se parecerá mucho al de un año antes.

Además la reforma de las cajas y el ejercicio de transparencia sector financiero ha mejorado el crédito español y contribuirá a pinchar algunos de los globos, bastante insidiosos, lanzados para señalar candidatos al pelotón de los torpes de la atribulada Europa.

Otra pieza del puzzle es la reforma laboral y del sistema de pensiones, sobre las que el gobierno ha avanzado una posición y una estrategia bendecida por los organismos internacionales (incluso por la canciller Merkel) que comprometerá, antes o después, la posición de la oposición. La pieza final se refiere a la ejecución presupuestaria: tras dos presupuestos fallidos (2009 y 2010) que se llevaron por delante la reputación de la economía española, el de este año puede ser determinante, la aparentemente débil Elena Salgado puede aparecer a fin de año como la exigente administradora que cuadró las cuentas.

De manera que Zapatero está en el fondo de las encuestas, en el peor momento imaginable, pero instalado en el poder y con ganas de mantenerlo, con un nuevo avatar y un relato propio. Como dice Fidalgo, ojo con el personaje, tiene instinto de supervivencia y guión de ganador.

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