¿Chau-chau o comprar?

El desempeño parlamentario de estos tiempos me recuerda una situación en un típico zoco marroquí cuando el titular del chiringuito ante la llegada de clientes risueños preguntaba: Ustedes de que van, ¿chau-chau o comprar? El más decidido del grupo despejó cualquier duda: primero chau-chau y luego comprar. Sirve para el panorama actual del Congreso y las recientes votaciones de resoluciones que tienen más que ver con el chau-chau que con cualquier otra hipótesis.

En el Congreso se nota un gobierno débil, sometido a crítica permanente y dura, con necesidad de sumar media docena de votos o una decena de abstenciones para sacar adelante las iniciativas. Los socialistas están solos, incluso con riesgos de fractura interna, pero sacan adelante todas las iniciativas que les interesan. Por poco, a última hora… pero salen airosos y sin costes apreciables.

En los debates se nota mucho chau-chau, mucho gesto y muchas frases tan sonoras como huecas, peor a la hora de las votaciones la oposición gana o declarativo, lo que ni cuesta ni tiene consecuencias, pero pierde siempre en los que cuenta. de manera que la oposición se entrega al chau-chau y el Gobierno compra lo que le conviene.

El Gobierno está mal, en las encuestas está derrotado, y en su ánimo también; pero la oposición luce muy poco; los grupos nacionalistas que cuentan (CiU y PNV) lucen fuerza y palmito pero poco más, se exhiben porque es su turno, porque las circunstancia y la aritmética parlamentaria les proporciona una oportunidad, pero muestran más fachada que consecuencias. Los dos grupos clásicos, vasco y catalán, se van sucediendo con sus votos a favor o con abstenciones decisivas, en el apoyo a un goebrino que les resulta antipático y al que ponen a c aldo. El PNV amenaza con lo apoyar los presupuestos pero la sensación extendida es que apoyarán y que a los catalanes les parece muy bien, que lo han hablado entre ellos.

De manera que separado el chau-chau de la compra, el Gobierno sigue disfrutando de razonable seguridad parlamentaria y que su estrategia de aritmética variable con los grupos (probablemente equivocada y siempre discutible) le va bien a Zapatero que gestiona sus ambigüedades con habilidad y a su manera.

La vicepresidenta de Economía es la que hará el gasto del Presupuesto 2011 que debe presentar a finales de septiembre y para el que ya dispone de techo de gasto aprobado por el Congreso. La vicepresidenta va de menos a más a su estilo, aspira a presentar una ejecución presupuestaria de medio año encajada con las previsiones y útil para trasladar credibilidad a los mercados que siguen financiando las necesidades del Tesoro.

Las tormentas financieras de mayo amainaron por unas semanas y los informes sobre las entidades financieras que se conocerán mañana no van mal para la credibilidad española.

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