Atentos a Cataluña: se juegan las elecciones

Cataluña significa la quinta parte de España, aunque va a menos, pierde décimas, siempre será esa quinta parte, que es mucha parte. Y la historia de España no puede entenderse sin catalanes, ni sin Cataluña. Ahora, por múltiples razones, de aquí y de allí, el independentismo catalán va a más, sin que por ello tenga que convertirse en un proceso inevitable a más o menos plazo. Que la derecha clásica española no consiga establecerse en Cataluña donde ahora solo aspira a menos del 20% de los votos es un problema de esa propia derecha con consecuencias adicionales para el conjunto.

Sin Cataluña la España restante aparece como más favorable al predominio electoral de los populares, ya que los votos y escaños catalanes son esenciales para los socialistas, marcan la diferencia que les lleva a dominar en el conjunto. Pero ese es un cálculo equivocado, una España sin Cataluña es una hipótesis tan sorprendente y amenazante que alteraría todos los equilibrios y fundamentos del mapa político y electoral del resto. Sería un escenario traumático y empobrecedor para el conjunto.

La Constitución de 1978 significó un avance decisivo para la integración voluntaria y franca de Cataluña en España, pero hechos posteriores, con múltiples responsables, han dificultado el proceso hasta casi sacarlo de pista. La situación es incómoda, indeseable para muchos, y requiere una gestión más hábil que la desplegada hasta ahora.

Las elecciones catalanas de octubre van a proporcionar otra mayoría y otro gobierno a Cataluña y van a tener consecuencias profundas en el panorama político y en sus equilibrios actuales. Ahora en España es difícil hacer cálculos políticos serios, que vayan más allá de lo táctico y oportunista, sin esperar el nuevo predominio político catalán que tendrá influencia profunda allí, pero también en el resto de España.

Un divorcio irresponsable con Cataluña traería consecuencias imprevisibles en España (además de un desastre en Cataluña aunque allí no lo quieren ni imaginar) y en términos generales negativas para todos. Entender Cataluña y hacerse entender en Cataluña aparece ahora como una prioridad tan importante como una eficaz gestión de la crisis económica y de sus alternativas para superarla.

Mientras la crisis económica requiere d explicaciones pedagógicas y de credibilidad y confianza, el desembarco español en Cataluña y el catalán en España necesita liderazgos intelectuales y sociales que sacudan la modorra actual, la vulgaridad de muchos relatos, para abrir puertas y ventanas, que propicien el entendimiento y destierren la demagogia y el oportunismo.

El nuevo Estatuto (un texto con demasiadas deficiencias técnicas y políticas) y la sentencia del Constitucional y su desafortunada gestación (también llena de deficiencias) han conducido a la actual situación. Amarrarse a cualquiera de ambos textos, Estatutos y sentencia, y no buscar y gestar otra plataforma de entendimiento, sería una mala apuesta, perdedora para todos. Para Cataluña el dilema federalismo o independencia es un dilema de mucho riesgo, y para el resto de España abrazar la imposible sentencia del Constitucional son ganas de meterse en problemas mayores. Atentos a Cataluña, allí se juegan las próximas elecciones y mucho más. Se requiere mucho talento político para este problema, un talento que no se percibe en el actual panorama.

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