Nada fuera del guión

Las intervenciones del jefe del Gobierno y el de la oposición no se apartaron del guión previsible. Rajoy dio el paso que le faltaba para reclamar la inmediata convocatoria de elecciones y Zapatero le recordó que lo que corresponde a la oposición es la moción de censura constructiva, es decir con propuesta de un programa de Gobierno. Por ahora ni el uno va presentar la moción, ni el otro a adelantar las elecciones.

Los dos gallitos de la política nacional lucieron artes oratorias, retórica con voz alta, pero sin contenido efectivo. Un combate dialéctico cuerpo a cuerpo, con mucho castigo emocional y personal, pero sin consecuencias políticas. El debate entre ellos era el que esperaba Zapatero bronco, crítico, antipático, con mucha grosería desde las bancadas, pero sin consecuencias políticas decisivas.

Al debate le queda aun recorrido hasta las votaciones de la próxima semana que serán indicativas, pero se trata de un trámite más o menos enojoso, pero no trascendente. Rajoy apenas ha avanzado un centímetros sus posiciones, estima que ganará al trantán, sin esfuerzo, sin bajarse del autobús. Y Zapatero se esmera en castigar las debilidades de un adversario que conoce bien, mientras gana tiempo en espera que le redima la recuperación económica..

De las intervenciones de ambos jefes de partido se saca poco nuevo en limpio; transitan por la senda ya conocida, por lo previsible, no hay más relato que el reproche recíproco y los eslóganes: el uno de la falta de crédito del otro, y el otro del egoísmo y ausencia de compromiso del uno.

Se puede destacar como algo novedoso, aunque ya conocíamos, el compromiso que asume Zapatero con medidas de ajuste presupuestario que ha tenido que adoptar para calmar a los acreedores. Se le nota la fe del converso, una determinación para hacer lo que debe hacer convirtiendo la necesidad en virtud. Es el Zapatero de siempre, a su manera, con enorme fe en si mismo y en su designio y destino. Y el Rajoy habitual, que se reserva y que espera que caigan las frutas maduras.

El resto de los grupos son críticos con el Gobierno pero dispuestos a jugar en una de esas oportunidades que les brinda la aritmética parlamentario y las necesidades de alguno de los grandes partidos. En resumen un espacio político muy abierto, bastante pobre y nada ilusionante. Las encuestas dirán quien gana el debate. Me parece que empatan, que no han ganado un solo voto, que no modifican las preferencias de los votantes.