La gestión de un éxito sin precedentes

Si en algún momento tuvo sentido aquello de “no se habla de otra cosa…” es ahora cuando la selección española de fútbol ha confirmado los pronósticos de que era firme candidato al triunfo en un torneo tan espectacular como el mundial de fútbol. La candidatura era firme, el equipo español disponía a priori de fútbol y de oportunidad para ganar. Pero no era fácil lograrlo, en un momento incluso se temió por la clasificación tras el primer corte y los cuatro partidos posteriores frente a Portugal, Paraguay, Alemania y Holanda han sido cuatro agonías, con el balón en el aire y con riesgo en todos los casos de no pasar.

Este triunfo culmina casi dos décadas de éxitos deportivos sin precedentes, desde los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, hasta este último que abre la puerta al próximo campeonato del mundo de baloncesto que se celebra en Turquía el próximo mes de agosto.

La euforia que ha producido el paso de “la roja” por Sudáfrica y especialmente las dos últimas victorias por 1 a 0 frente a Alemania y Holanda es perfectamente lógica y debe tener consecuencias en la autoestima nacional, tanto por el propio éxito como, sobre todo, por al manera de obtenerlo.

El entrenador Vicente del Bosque, coronado en estos momentos como ejemplo estelar de sensatez y sentido común, ha apelado en sus intervenciones más recientes a los “valores” que acreditan estos jugadores, los titulares y los suplentes. Valores que tienen que ver con el juego limpio, con la creatividad, con el sentido de equipo y con la seriedad. Gente entregada, inteligente y con autoridad los que componen este equipo, esta selección a la que por edad le quedan aun oportunidades.

Un banco holandés elaboró un estudio con o menos fuste según el cual el PIB del país ganador podía añadir unas décimas de crecimiento. Es tan probable como improbable, aunque lo evidente es que el valor de lo español mejora con el triunfo y con la forma de obtenerlo. El entrenador holandés ha reconocido que España era superior y que solo podía parar la marea roja (aunque vestían de azul) a base de juego duro, es decir de juego sucio, al patadón.

Ahora toca gestionar el éxito con inteligencia. Lo más probable es que los jugadores y el entrenador acrediten esa inteligencia. También el público en general (salvo algún exaltado y extravagante) ha acreditado que sabe ganar y disfrutar. Y queda ahora el mundo oficial, hasta ahora todos se han ajustado a un guión que se entrega al entusiasmo y la felicitación más cerrada. La imagen del gol de Iniesta y la del minuto final de la prórroga (que son las más seguidas y repetidas por las televisiones españolas en toda su historia) quedan en la retina de todos, incluidos los que muestran riguroso rechazo del espectáculo del fútbol.

Gestionar este triunfo con acierto puede ayudar a la recuperación de la confianza entre nosotros, a desterrar fatalismos y determinismo sobre los males nacionales. Estos jugadores han demostrado con preparación, con buena dirección, con iniciativa, con confianza, se pueden conseguir objetivos que parecen inalcanzables.

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