Cataluña se lo dio, Cataluña ¿se lo quitará?

Rodríguez Zapatero consiguió la secretaría general del partido y la presidencia del Gobierno (dos veces) por múltiples razones, pero en todos los casos por un apoyo claro y definitivo de los votos catalanes. El PSC apostó por el de León hace diez años y dejó en la cuneta a Bono y los escaños obtenidos en Cataluña fueron decisivos en ambas elecciones, como lo eran para Felipe González.

El 2008 los socialistas obtuvieron 25 asientos en el Congreso (ocho los populares) y cuatro años antes 21 (seis el PP) determinantes para componer el primer grupo en el parlamento y para armar gobierno. Además en ese período los socialistas han protagonizado ocho años de gobierno tripartito tras un cuarto de siglo de predominio convergente en Cataluña y de gran influencia en el gobierno español a través de alianzas parlamentarias más o menos explícitas con socialistas y populares.

La sensibilidad y el interés de Zapatero por Cataluña, por el 20% de España era obligatoria, más que táctica, tal y como debería serlo también para los populares aunque estos tienen alguna dificultad adicional que les va bien para la captación de algunos votos de algún sector del nacionalista español, el más excluyente.

Lo que le dio Cataluña a Zapatero puede quitárselo ahora si todo va como apuntan las encuestas. Las elecciones catalanas que Montilla convocará en breve, para celebrar a finales de octubre (las anteriores fueron el 1 de noviembre, fiesta de todos los santos), condicionarán la agenda política posterior y anterior. La aritmética de los votos determinará la geometría de las alianzas políticas en Cataluña y, sobre todo, en el parlamento y en el Gobierno español.

Convergencia (es decir Mas) aspira a gobernar Cataluña en solitario, con mayoría suficiente aunque no sea absoluta. Y desde esa posición y a la vista de las encuestas y de la evolución de la crisis económica decidirá hacia donde inclina sus ojos y afectos: ¿populares o socialistas?.

Hasta ese momento, hasta que se cuenten los votos catalanes y se asignen los escaños, la política nacional discurrirá por los senderos de la táctica, por amagos y escarceos que tratan de desgastar al adversario con poco desgaste propio.

Zapatero debe saber que será difícil que obtenga en Cataluña tanto apoyo como el que ha disfrutado hasta ahora, el socialismo catalán está en claro retroceso en todos los frentes, con sus dos almas abiertas en canal, y con agotamiento de modelo y de discurso. Montilla tendrá que encabezar la protesta contra la sentencia del Constitucional a su pesar, para que no lo hagan otros, pero con voluntad de ir desactivando ese resorte que da más oportunidades a sus adversarios. Cataluña cansa al resto de los españoles, pero el futuro político español se cuece allí.

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