Incógnitas del pacto eléctrico

El sector eléctrico muestra mezcla de asombro y de preocupación ante ese pacto energético de principios suscrito por Cristóbal Montoro y Miguel Sebastián con la anuencia y bendición de sus jefes: Zapatero y Rajoy. Los eléctricos están acostumbrados a tratar con el Gobierno (con todos los gobiernos) y con la oposición (con todas las oposiciones) cada uno en su territorio, por su acera. Tratar con ellos juntos es una situación nueva y por tanto, inquietante. Sospechan que solo pueden perder en esta nueva partida. De momento ya han perdido el ajuste de la tarifa en el plazo previsto.

El sector eléctrico es una mezcla de eficiencia y misterio que va engordando con el paso de los años y de los gobiernos. Ha respondido eficazmente a las necesidades de la sociedad española y a un crecimiento económico relevante durante los últimos cincuenta años. Y ha constituido empresas que cuentan aquí y fuera y que han perdido oportunidades (caso Endesa) por la torpeza de políticos inexpertos, la del primer Gobierno Zapatero que se rodeó a si mismo para ceder la compañía nacional privatizada, creada en el franquismo para gestionar el ruinoso carbón, al monopolio nacional italiano. Una de las operaciones empresariales más estúpidas de los últimos tiempos.

Tras sucesivos planes energéticos, planes eléctricos, privatizaciones, transiciones a la competencia… la dependencia energética española sigue donde estaba y la complejidad del sector ha crecido. Cada gobierno ha materializado una estrategia, generalmente la propia, sin consenso; y han ido corrigiendo lo anterior sin mejorarlo. La última aventura, la de las energías renovables o de régimen especial, superpuesta sobre la gasista de los ciclos combinados, revienta por los compromisos contraídos en cuanto a primas y subsidios que alcanzan cantidades exorbitadas que obligan a una subida de precios que resulta inaceptable para los consumidores.

Las primas a las renovables forman parte de un cuadro de decisiones adoptadas por populares y socialistas y que tendrán que gestionar este gobierno y el siguiente. Quizá por eso y porque en estos momentos el PP quiere reformar su carácter de alternativa de gobierno y presentar un rostro más responsable que el anterior, se abre la puerta a un posible pacto. Zapatero ofreció a los populares un pacto en educación, otro en energía… sin el menor éxito. La cumbre de Presidentes autonómicos de hace un año, saldado con un sonoro fracaso cuando más oportuno hubiera sido un acuerdo, acreditó que el PP no estaba dispuesto a prestar ninguna ayuda al Gobierno. El fracasado pacto en educación acreditó la misma estrategia, y el pacto de sanidad fue un gol de la ministra, que luego han desactivado retrasando la entrada en vigor de las medidas acordadas hasta más tarde.

Pero ahora se abre una ventana imprevista con la energía como guión principal. El Gobierno ya tenía lista la subida de la tarifa cuando los populares abren la puerta y dicen que se puede hablar de todo, sin líneas rojas ni resistencias. Así que paran las máquinas y ante el asombro del sector que no esperaba esa noticia, empieza una negociación sin plazos ni guión. El sector pide celeridad, y teme que le den gato por liebre, un temor razonable.

De manera que Zapatero y Rajoy no se aguantan, pero empiezan a mirarse fijamente a los ojos porque saben que la pelea de aquí a veinte meses será la última para uno de los dos. Incluso puede que para ambos.

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