El invento del “directorio”

Se ha puesto de moda entre gente fina (o no tan fina) hablar del “directorio” para trasladar la idea de un Gobierno cautivo, de que el poder político lo ostenta alguien discreto, oscuro, en Bruselas o sabe dios dónde. El término lo utiliza con frecuencia Duran i Lleida, que es el político de moda, aunque de tanto exponerse y hacer méritos, empiezan a notársele las arrugas, porque no es oro todo lo que reluce y quizá no sea tan experimentado y clarividente como parece, quizá no le falta provincianismo. Utiliza la expresión del presidente Pujol, políglota, viajado, experimentado, pero quizá atrapado en alguna ofuscación del XIX y negacionista de que tras el Gobierno de España haya algo sólido. Enric Juliana, uno de los cronistas más interesante de estos años, también parece seducido por la idea del “directorio”, aunque un amigo suyo de Zamora (que lo lee todo), que denota sentido común, le advierte que puede ser prisionero de esos “frames” de Lakoff que tanto apasionan a los socialistas.

Lo del “directorio” seduce a los buscadores de frases brillantes y a los que concluyen que España no tiene remedio salvo que venga de fuera, que “nos salven ellos”. En resumen que lo del Directorio me parece una tontería que oculta más que enseña, y que no se corresponde con la realidad. Ojalá hubiera un directorio en Europa, con autoridad y con criterio. Pero no lo hay, ni con criterio ni sin criterio.

Los amantes de ese directorio imaginan que el segundo fin de semana de mayo en la cumbre de jefes de gobierno europeo celebrada en Bruselas emergió ese directorio de gente con autoridad que repartió juego a todos y puso los deberos. No fue así, aunque aún queda mucho por contar ese día no hubo autoridad decisiva, más bien miedo colectivo, caída del caballo de alguno (Zapatero) y sorpresa para la señora Merkel que ese fin de semana perdió la mayoría en su cámara alta y constató que su gobierno es más débil de lo esperado.

Ese fin de semana en Bruselas temieron por la suerte del euro y por la estabilidad de la zona y todos abrazaron la estrategia alemana de austeridad y equilibrio a la vista del recelo de los mercados escamados por la inconsistencia de la estrategia europea ante la crisis. La reciente carta del presidente Obama a los dirigentes europeos reclamando unas políticas más consistentes para evitar la recaída en al recesión acredita que de directorio hay poco, más bien todo lo contrario.

Zapatero es un político de poca experiencia, de convicciones líquidas pero con instinto. Lo cual le lleva a rectificar sobre la marcha, a sobreactuar y a fiarse de sí mismo. El 8 y 9 de mayo descubrió que tenía enfrente eso que llaman mercados, que no tienen teléfono ni dirección, y que era mucho más dependiente de lo que imaginó, de manera que se afanó en satisfacer las exigencias del innombrable y a cambiar todo la estrategia precedente.

fgu@apmadrid.es