Zapatero, casi desahuciado, se va arriba

No encuentro a nadie que derrame una lágrima por Zapatero. Quienes desde primera hora dijeron que era un peso pluma, que tenía poco dentro, sonríen con suficiencia, como diciendo “ya te lo dije” Y quienes vieron fondo al personaje tras aquel discurso que le hizo ganar el partido y las dos campañas que le llevaron a ganar el Gobierno, ahora están sin argumentos. La crisis económica le ha desarbolado, no ha olido la corriente de los tiempos, no ha sido capaz de explicar, ni siquiera a posteriori, lo que ocurre. 

El balance del Gobierno ante la crisis económica es inane, no ha dado una. Ha hecho mucho, mucho gasto, muchas veces, con muchas manos, pero no ha evitado ninguno de los males que nos amenazaban. A pesar de ser el gobierno europeo más activo en la adopción de medidas y de un alto coste presupuestario para mitigar la crisis y alentar la recuperación, los hechos son decepcionantes, los datos muy malos: la mayor tasa de paro de la OCDE, un seguro de desempleo que desincentiva la búsqueda de trabajo; el mayor déficit presupuestario, solo superado por algún país menor y Estados Unidos y Gran Bretaña que tienen otras defensas y que apuntan una recuperación consistente. Y el mayor déficit exterior de la UE que resta solvencia y debilita la credibilidad de los mercados.

No es posible reconstruir la historia, pero si el Gobierno hubiera sido más cauto, menos gastador, hubiera repartido menos cheques, menos programas de aceras… el déficit público no se hubiera disparado (véase el caso italiano) y, muy probablemente, la recesión no hubiera sido más severa.  Simplemente si Zapatero hubiera hecho más caso a Solbes y menos a su instinto le hubiera ido a él, y a España, menos mal.

Zapatero se equivocó por suficiencia, quizá por ignorancia y por ingenuidad, se equivocó en el diagnóstico y ha ido siempre por detrás de los acontecimientos por demérito propio, por no hacer caso a nadie. Y pese a su presunto talento comunicativo (¡que mediático es el tío! decían sus admiradores años atrás) el relato que ha trasladado sobre su política ha sido lamentable, pobre, confuso, insuficiente. Todo ello explica que esté hundido en las encuestas y que carezca de defensores con argumento, incluso entre los suyos. 

Zapatero reapareció el domingo el Elche, en ambiente favorable, con alcaldes socialistas, para armar un discurso de mitin mejor articulado que la presentación de las medidas de ajuste en el Congreso y los días posteriores. Un discurso seguramente tardío, unas explicaciones que deberían haber jalonado el proceso de adopción de las medidas. El personal, también los votantes socialistas, tienen ya hecha su propia composición sobre lo ocurrido, las expectativas electorales de zapatero han salido trasquiladas y no le será fácil recomponer los destrozos. Sólo la impericia y el radicalismo de la oposición significan una oportunidad para los socialistas.

El presidente se ha ido arriba pero tiene demasiados puntos perdidos, demasiada fatiga en los brazos y poco talento por acreditar. El desahucio de Zapatero, como en su día pasó con Suárez, es la hipótesis más probable si en el PSOE queda instinto de supervivencia.

fgu@apmadrid.es